Juan 6:22–29:
La búsqueda de Jesús y la verdadera obra de Dios
Juan 6:22–29 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 6:22–29
Después de la señal de los panes (Juan 6:1–15) y de que Jesús se retira al monte (Juan 6:15) y se reúne nuevamente con Sus discípulos (Juan 6:16–21), el relato vuelve a la multitud. El enfoque ahora está en su búsqueda de Jesús y en la razón de esa búsqueda.
(v. 22)
«Al día siguiente la multitud que se había quedado al otro lado del mar, habiendo visto que no había otra barca sino aquella en la que Sus discípulos habían entrado y que Jesús no había entrado en la barca con Sus discípulos, sino que Sus discípulos se habían marchado solos —»
El versículo sitúa la escena al día siguiente de la multiplicación de los panes.
La multitud recuerda que solamente había una barca, que los discípulos habían partido en ella y que Jesús no había subido con ellos.
Este detalle crea una pregunta dentro del relato: si Jesús no partió con sus discípulos, ¿cómo podría encontrarse ahora al otro lado del mar?
(v. 23)
«aunque habían venido otras barcas de Tiberias, cerca del lugar donde habían comido el pan, después de haber dado gracias al Señor—,»
Juan menciona la llegada de otras barcas procedentes de Tiberias.
Estas se acercaron al lugar donde la multitud había comido el pan después de que Jesús diera gracias. El relato vuelve así a destacar el acontecimiento que motivaba su búsqueda.
La multitud recordaba el alimento recibido, pero todavía no había comprendido plenamente la señal que había presenciado.
(v. 24)
«cuando la multitud, pues, vio que ni Jesús ni Sus discípulos estaba allí, ellos entraron en las barcas y fueron a Capernaúm, buscando a Jesús.»
Al comprobar que ni Jesús ni sus discípulos permanecían allí, la multitud utiliza las barcas y se dirige a Capernaúm.
El texto afirma que iban “buscando a Jesús”. Su esfuerzo era verdadero: estaban dispuestos a cruzar el mar para encontrarlo.
Sin embargo, buscar activamente a Jesús no significa necesariamente buscarlo por la razón correcta. Los versículos siguientes revelarán qué deseaban realmente de Él.
(v. 25)
«Y cuando lo encontraron en otro lado del mar, le dijeron: “Rabí, ¿cuándo llegaste aquí?”.»
Cuando encuentran a Jesús, se sorprenden de que ya esté al otro lado del mar.
Su pregunta se concentra en cómo y cuándo llegó. No saben que caminó sobre las aguas para alcanzar a sus discípulos.
Jesús, sin embargo, no responde directamente a su curiosidad. En lugar de explicarles su llegada, dirige la atención hacia la razón por la cual lo estaban buscando.
(v. 26)
«Jesús les respondió y dijo: “Con toda certeza les digo, no me buscan porque vieron señales milagrosas, sino porque comieron de los panes y se saciaron.»
Jesús revela la verdadera motivación de la multitud.
Ellos habían visto la señal, pero no la habían comprendido como testimonio acerca de quién era Jesús. Su atención se había quedado en el beneficio inmediato: habían comido hasta quedar satisfechos.
Por tanto, existe una diferencia entre presenciar una señal y comprender su significado. La multiplicación de los panes debía dirigirlos hacia Jesús, pero ellos buscaban principalmente que volviera a satisfacer una necesidad temporal.
El problema no era que hubieran comido ni que sintieran necesidad de alimento. El problema era reducir a Jesús a alguien que podía proporcionarles beneficios materiales.
(v. 27)
«No trabajen por el alimento que se pierde, sino por el alimento que permanece para vida eterna, la cual el Hijo del Hombre les dará, porque Dios el Padre ha puesto Su sello en Él”.»
Jesús corrige la prioridad de su búsqueda.
Cuando dice: “No trabajen por el alimento que se pierde”, no está prohibiendo trabajar para obtener el alimento cotidiano. Está contrastando aquello que es temporal con lo que permanece eternamente.
El pan que habían comido había satisfecho su hambre por un tiempo, pero volverían a necesitar alimento. En cambio, Jesús habla de un alimento que “permanece para vida eterna”.
Ese alimento no se obtiene como salario por el esfuerzo humano, pues Jesús declara que el Hijo del Hombre “les dará”. La vida eterna se presenta como algo que Él concede, no como algo que ellos pueden producir o merecer.
Jesús vuelve a identificarse como “el Hijo del Hombre”. Esta expresión recuerda a aquel que, según Daniel, recibe del Anciano de Días dominio, gloria y un reino universal (Daniel 7:13–14). Aquí el énfasis está en que el Hijo del Hombre posee la autoridad para dar la vida que permanece.
El Padre ha puesto su “sello” en Él. Esto significa que lo ha señalado, acreditado y autorizado como su enviado. Por tanto, la multitud debe buscar en Jesús aquello para lo cual el Padre lo ha enviado, y no limitarse al alimento temporal que recibió de sus manos.
(v. 28)
«Así que le dijeron: “¿Qué debemos hacer para trabajar las obras de Dios?”.»
La multitud interpreta las palabras de Jesús desde una mentalidad centrada en lo que ellos deben realizar.
Preguntan por “las obras de Dios”, en plural, como si Jesús estuviera presentándoles una serie de mandamientos, esfuerzos o prácticas mediante los cuales podrían obtener el alimento que permanece.
Su pregunta revela que todavía piensan en términos de trabajo y recompensa: desean saber qué deben hacer para conseguir aquello de lo que Jesús está hablando.
(v. 29)
«Jesús respondió y les dijo: “Esta es la obra de Dios: que crean en Aquel que Él envió”.»
Jesús toma el lenguaje utilizado por ellos, pero transforma por completo su planteamiento.
Ellos preguntaron por muchas “obras”; Jesús responde hablando de una sola: “que crean en Aquel que Él envió”.
Esto no significa que creer sea una obra meritoria mediante la cual una persona compra, gana o merece la vida eterna. El versículo anterior ya afirmó que el Hijo del Hombre es quien dará el alimento que permanece.
Jesús utiliza la palabra “obra” porque está respondiendo a la pregunta de la multitud. En otras palabras: ya que desean saber qué demanda Dios de ellos, la respuesta fundamental es que crean en el enviado del Padre.
Creer es recibir el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo, reconocer que en Él se encuentra la vida y depender de Él porque no existe otra fuente de vida eterna.
Por tanto, la respuesta de Jesús no los dirige hacia sus propios méritos, sino fuera de sí mismos, hacia aquel que Dios envió.
Esto corresponde con lo declarado anteriormente: venir a Jesús para tener vida significa recibirlo y creer en Él (Juan 5:40). La vida no se obtiene acumulando obras, sino acudiendo al Hijo que tiene autoridad para darla.
Implicaciones
- No toda búsqueda de Jesús nace de una comprensión correcta: una persona puede buscarlo principalmente por los beneficios temporales que espera recibir.
- Las señales revelan la identidad de Jesús: no fueron realizadas únicamente para resolver necesidades inmediatas, sino para dirigir a las personas hacia Él.
- Jesús no desprecia el alimento cotidiano, pero corrige las prioridades: lo temporal no debe ocupar el lugar de la vida que permanece.
- La vida eterna es un regalo del Hijo del Hombre: Jesús dice que Él dará el alimento que permanece; no afirma que pueda ganarse mediante esfuerzo humano.
- El Padre ha acreditado al Hijo: Jesús posee autoridad para dar vida porque es el enviado aprobado por Dios.
- Creer no es una obra meritoria: es la respuesta que Dios demanda ante su enviado y consiste en depender de Cristo como la única fuente de vida.
Aplicaciones
- Examina por qué buscas a Jesús: no lo reduzcas a un medio para obtener bienestar, provisión o solución a necesidades temporales.
- Mira más allá de los beneficios recibidos: reconoce lo que las obras de Jesús revelan acerca de su identidad.
- Ordena correctamente tus prioridades: el alimento temporal es necesario, pero no puede dar la vida que permanece.
- No intentes ganar la vida eterna mediante méritos: cree en el Hijo y recibe de Él la vida que solamente puede dar.
- Cree en aquel que el Padre envió: deposita tu esperanza en Cristo, no en tus esfuerzos ni en tus obras.
Resumen
En Juan 6:22–29, la multitud busca a Jesús después de la señal de los panes, pero Él revela que su motivación no es haber comprendido la señal, sino haber sido saciados. Jesús les enseña a no trabajar por el alimento que se pierde, sino por el que permanece para vida eterna, el cual Él mismo dará. Cuando preguntan qué deben hacer, Jesús responde que la obra de Dios es creer en Aquel que Él ha enviado. El relato muestra que la verdadera respuesta no está en las obras externas, sino en creer en el Hijo.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque has puesto en Tu Hijo la vida que permanece eternamente.
Ayúdanos a no buscar a Jesús solamente por los beneficios temporales que podamos recibir. Permítenos comprender lo que Sus obras revelan acerca de Él y reconocerlo como el Hijo que Tú has enviado y autorizado para dar vida.
Guárdanos de confiar en nuestros propios méritos y esfuerzos para obtener la vida. Danos un corazón que crea en Tu Hijo, que dependa de Él y que reciba con gratitud lo que solamente Él puede dar.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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