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Juan 5:41-47
La gloria humana, la incredulidad y el testimonio de Moisés

41 No recibo gloria de los hombres; 42 pero os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros. 43 Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ese recibiréis. 44 ¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? 45 No penséis que yo os acusaré delante del Padre; el que os acusa es Moisés, en quien vosotros habéis puesto vuestra esperanza. 46 Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47 Pero si no creéis sus escritos, ¿cómo creeréis mis palabras?
Juan 5:41-47 (LBLA

Interpretación correcta de Juan 5:41–47

En esta sección final del capítulo, Jesús confronta la raíz espiritual de la incredulidad de los líderes judíos. Ya les mostró que sus obras, el testimonio del Padre, el testimonio de Juan y las Escrituras mismas señalaban claramente que Él es el Hijo de Dios. Sin embargo, ellos no creen.
¿Por qué?
Jesús revela ahora la verdadera causa: sus corazones no aman a Dios, buscan gloria humana y no aceptan el testimonio de Moisés mismo. Este pasaje revela la esencia del rechazo religioso y expone por qué muchos, aún hoy, niegan a Cristo a pesar de toda evidencia.

1. Jesús no busca aprobación humana

No recibo gloria de los hombres;” (v. 41)

Jesús no vive para el reconocimiento humano. Él no necesita aprobación, elogios o validación ajena. Su identidad no depende de la opinión de los hombres, sino de la afirmación del Padre (Mateo 3:17). Esto contrasta radicalmente con los líderes religiosos, cuya fe falsa se alimentaba de la reputación y de las alabanzas de los demás (Juan 12:43).

Cristo enseña que la verdad no depende del consenso humano ni de la aprobación religiosa. La autoridad de Dios no cambia aunque los hombres la rechacen. Mientras los líderes vivían para la gloria unos de otros, el Hijo vive para la gloria del Padre.

2. La verdadera causa de la incredulidad: falta del amor de Dios

pero os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros.” (v. 42)

Después de decirles que no quieren venir a Él (Juan 5:40), Jesús revela ahora la raíz profunda de esa negativa: la ausencia del amor de Dios en sus corazones.

No era un problema intelectual ni falta de luz. No era incapacidad. Era un corazón que no ama a Dios.

Jesús desmonta aquí cualquier idea de que la incredulidad sea simplemente un “no poder” o una ausencia de elección divina. Él afirma que la razón del rechazo es moral y afectiva: prefieren la gloria humana a la de Dios; prefieren sus tradiciones antes que la verdad; prefieren su sistema religioso antes que el Mesías que Dios envió.

El amor a Dios, en la Escritura, incluye:

  • Desear su gloria por encima de la propia.

  • Obedecer su Palabra.

  • Anhelar su voluntad.

  • Reconocer su justicia y su autoridad.

Los líderes judíos afirmaban amar la Ley, pero rechazaban al Dios de la Ley. Apreciaban las Escrituras, pero despreciaban al Autor de las Escrituras. Defendían la religión, pero no amaban al Dios que la dio.

Por eso Jesús puede decir con autoridad: “no tenéis el amor de Dios en vosotros.”

Y esta declaración encaja totalmente con el versículo 40: no querían venir a Cristo precisamente porque sus afectos estaban torcidos. Su corazón no estaba inclinado hacia Dios, sino hacia la gloria humana.

Donde no hay amor a Dios, no puede haber fe auténtica, porque la fe verdadera nace en un corazón que se vuelve a Dios, no que huye de Él.

3. Rechazan al enviado del Padre pero aceptan a falsos maestros

Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ese recibiréis.” (v. 43)

Jesús viene con la autoridad, la obediencia y el sello del Padre, pero los líderes no lo reciben.
Sin embargo, aceptarían fácilmente a cualquiera que viniera en su propio nombre, es decir:

  • Sin llamado divino.

  • Sin respaldo del Padre.

  • Sin obediencia a la voluntad de Dios.

La historia judía confirma que muchos falsos mesías surgieron, y muchos fueron seguidos. La gente acepta lo que halaga su carne, pero rechaza lo que confronta su pecado. Una fe sin discernimiento es siempre vulnerable a falsos maestros.

4. Imposibilidad moral de creer mientras se busca la gloria humana

¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” (v. 44)

El verbo “podéis” no señala una incapacidad espiritual esencial —como si estuvieran imposibilitados por naturaleza a creer—, sino una incapacidad moral: un corazón dominado por el orgullo y el deseo de recibir gloria humana.

Esa inclinación moral errada produce una ceguera espiritual que les impide responder a Cristo. Quien ama el aplauso, el reconocimiento y el prestigio no puede creer, porque creer exige humildad, reconocer el propio pecado. y buscar la gloria de Dios por encima de la de los hombres..

Ellos sí podían creer en sentido natural —tenían revelación, Escritura, señales, al Mesías delante—,
pero no querían, porque su corazón estaba dirigido hacia otro objeto de adoración: la gloria humana.

Mientras el corazón esté esclavizado al aplauso humano, no puede (moralmente) inclinarse ante Cristo. No porque Dios se lo impida, sino porque su orgullo se lo impide.

Este versículo destruye la idea de que la raíz de la incredulidad sea la falta de una regeneración previa para poder creer.

En cambio Jesús afirma que la raíz del problema es:

• un corazón que no ama a Dios (v. 42),
• un corazón que no quiere venir (v. 40),
• un corazón que prefiere la gloria humana (v. 44).

Por eso la “incapacidad” no es natural, sino moral: un corazón orgulloso no puede abrazar al Salvador que exige humildad, arrepentimiento y rendición.

5. Moisés es quien los acusará en el día final

No penséis que yo os acusaré delante del Padre; el que os acusa es Moisés, en quien vosotros habéis puesto vuestra esperanza.” (v. 45)

Los líderes judíos se jactaban de seguir a Moisés. Decían confiar en él, en la Ley, en los escritos del Pentateuco (los primero 5 libros de la biblia) pero no entendían que Moisés mismo los denunciaría.
¿Por qué?

Porque Moisés escribió sobre Cristo (Deuteronomio 18:15; Génesis 3:15).

Rechazar a Jesús es, por tanto, rechazar al mismo Moisés.

Los que apelaban a la Ley como su gloria serán juzgados por ella misma (Romanos 2:17-24).

6. Moisés escribió acerca de Cristo

Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. ” (v. 46)

Moisés no solo dio mandamientos; también dio profecías mesiánicas. Toda la estructura del Pentateuco apunta a Cristo:

  • El sacrificio pascual (Éxodo 12)

  • El tabernáculo (Éxodo 25 al 40)

  • El sistema sacrificial (En el libro de Levítico)

  • La promesa del Profeta venidero (Deuteronomio 18:15)

  • La semilla prometida (Génesis 3:15)

Jesús afirma que Moisés hablaba de Él. Por lo tanto, quien rechaza a Cristo no cree verdaderamente en Moisés, aunque conozca sus palabras.

7. Sin creer a las Escrituras, no se puede creer a Cristo

Pero si no creéis sus escritos, ¿cómo creeréis mis palabras?” (v. 47)

Este versículo expone dos principios fundamentales:

  1. La incredulidad hacia la Escritura conduce a incredulidad hacia Cristo.

  2. Creer en Cristo es imposible sin creer primero en la Palabra inspirada de Dios.

  • Los judíos decían creer en Moisés, pero no creían su mensaje.

  • Decían amar la Ley, pero amaban su gloria.

  • Decían buscar a Dios, pero no amaban al Hijo.

La relación entre Escritura y Cristo es inseparable: la Biblia conduce a Cristo; Cristo cumple la Biblia.

Implicaciones teológicas:

  • La gloria humana es enemiga de la fe verdadera.

  • El amor a Dios es la base para creer en Cristo.

  • Moisés es testigo de Cristo; sin Cristo, la Ley no puede ser comprendida.

  • La incredulidad no surge de una incapacidad espiritual esencial, sino de una resistencia moral del corazón.

  • Jesús no depende del testimonio humano: viene con la autoridad del Padre.

Aplicaciones espirituales:

  • Examina tu corazón: ¿buscas la gloria de Dios o la aprobación de los hombres?

  • Pide a Dios un amor genuino por Su Palabra y por Cristo.

  • Recuerda que leer la Biblia sin venir a Cristo es leerla en vano.

  • No confíes en tradiciones o méritos religiosos; confía solo en Cristo.

  • Deja que la Escritura interprete tus motivaciones más profundas.

Resumen:

En Juan 5:41-47, Jesús revela la verdadera causa de la incredulidad de los judíos: no aman a Dios, buscan gloria humana y rechazan al enviado del Padre. A pesar de afirmar creer en Moisés, no aceptan al Mesías del que Moisés escribió. Jesús muestra que la fe auténtica comienza con un corazón que ama a Dios, que busca Su gloria y que recibe Su Palabra.

Rechazar a Cristo no es rechazar solo a un maestro, sino rechazar al Dios del Antiguo Testamento y a Su revelación mediante Moisés.

Autor del estudio: Mario Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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