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Juan 5:24–29:
La voz del Hijo y la vida que da

24 ”Con toda certeza les digo que el que escucha mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna; y no va a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la Vida.
25 ”Con toda certeza les digo que viene un tiempo —y ahora es— cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que escuchen vivirán. 26 Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también dio al Hijo tener vida en sí mismo; 27 y además, le dio autoridad de juzgar, porque es Hijo de Hombre. 28 No se maravillen de esto, porque viene el tiempo en que todos los que estén en los sepulcros oirán Su voz 29 y saldrán: los que hicieron lo bueno a resurrección de vida, pero los que practicaron lo malo a resurrección de condenación.
Juan 5:24–29 (LPP)

Interpretación correcta de Juan 5:24–29

Después de afirmar que el Hijo da vida y tiene autoridad para juzgar (Juan 5:21–23), Jesús desarrolla ahora cómo se manifiesta esa vida y cómo se relaciona con el juicio.

(v. 24)
«”Con toda certeza les digo que el que escucha mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna; y no va a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la Vida.»

Jesús introduce nuevamente una declaración solemne.

Se presentan dos acciones estrechamente relacionadas: “escucha mi palabra” y “cree al que me envió”. Recibir la palabra de Jesús es también creer en el Padre que lo envió, porque el Hijo habla y actúa en perfecta unidad con Él.

El resultado se expresa en tres afirmaciones:

  • “tiene vida eterna”
  • “no va a juicio”
  • “ha pasado de la muerte a la Vida”

Es importante notar que el texto habla en presente: “tiene” y “ha pasado”. La vida eterna no se presenta solamente como una esperanza futura, sino como una realidad que ya posee quien escucha al Hijo y cree al Padre.

“Ha pasado de la muerte a la Vida” describe un verdadero cambio de condición delante de Dios. La persona estaba bajo muerte y juicio, pero al recibir la palabra del Hijo ha entrado en la vida y ya no permanece bajo la condenación que le correspondía.

(v. 25)
«”Con toda certeza les digo que viene un tiempo —y ahora es— cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que escuchen vivirán.»

Jesús vuelve a introducir su enseñanza con énfasis.

Habla de “un tiempo” que “ahora es”. Esto indica que lo que describe no pertenece solamente al futuro, sino que ya estaba comenzando a suceder por medio de su ministerio.

En este versículo, “los muertos” no se refiere principalmente a personas que se encuentran físicamente en los sepulcros. Jesús habla de quienes están espiritualmente muertos, separados de la vida de Dios por sus pecados y su desobediencia. Esta condición corresponde a la “muerte” mencionada en el versículo anterior.

Sin embargo, la voz del Hijo tiene poder para darles vida. Por eso Jesús declara: “los que escuchen vivirán”. No se trata simplemente de percibir sus palabras con los oídos, sino de recibirlas y responder a ellas creyendo.

Cuando Jesús pronunció estas palabras, estaba presente y las personas podían escuchar directamente su voz. Hoy no debemos esperar necesariamente que Jesús nos hable mediante una voz audible. Escuchamos la voz del Hijo por medio de sus palabras y de su testimonio conservados para nosotros en las Escrituras. Cuando la palabra de Cristo es anunciada y recibida verdaderamente, la voz vivificadora del Hijo continúa siendo oída.

(v. 26)
«Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también dio al Hijo tener vida en sí mismo;»

Aquí se explica la base de lo anterior.

El Padre “tiene vida en sí mismo”. Su vida no procede de ninguna fuente externa ni depende de otro, pues la vida reside eternamente en Él.

Del mismo modo, el Padre dio al Hijo tener vida en sí mismo. Jesús no es solamente alguien que anuncia la vida: Él posee en sí mismo la vida que comunica a quienes escuchan su voz.

Esto explica por qué el Hijo puede hacer vivir a los muertos. Su capacidad de dar vida procede de su relación única con el Padre y de la autoridad que el Padre le ha concedido.

(v. 27)
«y además, le dio autoridad de juzgar, porque es Hijo de Hombre.»

Además de darle tener vida en sí mismo, el Padre dio al Hijo autoridad para juzgar.

La expresión “Hijo de Hombre” recuerda la visión de Daniel, en la que uno semejante a un hijo de hombre se acerca al Anciano de Días y recibe dominio, gloria y un reino sobre todos los pueblos (Daniel 7:13–14).

Al llamarse “Hijo de Hombre”, Jesús se identifica con aquel a quien Dios entrega el dominio universal. Por eso tiene autoridad no solamente para dar vida, sino también para ejecutar el juicio final.

(v. 28)
«No se maravillen de esto, porque viene el tiempo en que todos los que estén en los sepulcros oirán Su voz»

Jesús amplía ahora el alcance de lo que acaba de declarar.

Dice: “no se maravillen”, porque aún va a anunciar algo mayor. En el versículo 25 habló de una hora que ya había llegado, cuando los espiritualmente muertos escuchan su voz y reciben vida. Aquí, en cambio, habla de una hora futura.

La expresión “todos los que estén en los sepulcros” muestra que ahora se refiere a quienes han muerto físicamente. Llegará un momento en que todos ellos, sin excepción, oirán la voz del Hijo.

Así como su voz da vida espiritual en el presente, también tendrá poder para llamar corporalmente a todos los muertos en el día final.

(v. 29)
«y saldrán: los que hicieron lo bueno a resurrección de vida, pero los que practicaron lo malo a resurrección de condenación.»

Todos saldrán de los sepulcros, pero no todos tendrán el mismo destino.

Jesús presenta dos grupos:

“los que hicieron lo bueno” “resurrección de vida”
“los que practicaron lo malo”“resurrección de condenación”

“Hacer lo bueno” no significa alcanzar la vida eterna mediante méritos personales. En el contexto inmediato, la vida se recibe escuchando la palabra del Hijo y creyendo al Padre que lo envió. Las obras buenas manifiestan exteriormente esa vida recibida y la respuesta verdadera a Jesús.

De la misma manera, el texto no dice simplemente “los que alguna vez hicieron algo malo”, pues todos los seres humanos han pecado. Jesús habla de “los que practicaron lo malo”: personas cuya vida permaneció caracterizada por el mal y que murieron sin recibir la voz del Hijo que podía darles vida.

Por tanto, las obras no aparecen como la causa por la que alguien obtiene vida, sino como la evidencia visible de su verdadera condición. Unos manifiestan haber recibido la vida del Hijo; los otros permanecen en la condición de muerte y condenación.

Este versículo conecta la autoridad del Hijo para juzgar con la manifestación futura de ese juicio. Nadie quedará fuera de la resurrección, pero cada persona comparecerá bajo la autoridad de Jesús.

Implicaciones

  • La vida eterna comienza en el presente: quien escucha la palabra del Hijo y cree al Padre ya ha pasado de la muerte a la vida.
  • La humanidad se encuentra espiritualmente muerta sin Cristo: necesita escuchar la voz vivificadora del Hijo para poder vivir.
  • La voz de Jesús continúa siendo oída por medio de las Escrituras: no necesitamos esperar una voz audible, porque sus palabras han sido conservadas para nosotros.
  • Jesús es el Hijo del Hombre anunciado por Daniel: ha recibido del Padre dominio y autoridad para ejecutar el juicio.
  • Habrá una resurrección universal: tanto quienes recibieron vida como quienes permanecieron en el mal saldrán de los sepulcros.
  • Las obras manifiestan la condición de cada persona: no compran la vida eterna, sino que evidencian si alguien recibió la vida del Hijo o permaneció bajo condenación.

Aplicaciones

  • Escucha verdaderamente la palabra de Cristo: no basta con conocer sus palabras; es necesario recibirlas y creer al Padre que lo envió.
  • Busca la voz de Jesús en las Escrituras: acércate a la Biblia reconociendo que mediante ella conocemos las palabras del Hijo.
  • Examina lo que manifiesta tu manera de vivir: las obras muestran si permaneces en el mal o si la vida recibida de Cristo está produciendo fruto.
  • Reconoce la autoridad universal de Jesús: Él es quien da vida, levantará a los muertos y ejecutará el juicio final.
  • No pospongas tu respuesta al Hijo: la vida se encuentra en escuchar su voz, mientras que permanecer rechazándola conduce a la condenación.

Resumen

En Juan 5:24–29, Jesús declara que quien escucha su palabra y cree al que lo envió tiene vida eterna y ha pasado de la muerte a la vida. Afirma que ya ha llegado el tiempo en que los muertos oyen la voz del Hijo y viven, porque Él tiene vida en sí mismo. Además, ha recibido autoridad para juzgar. Luego anuncia un tiempo futuro en el que todos oirán su voz y saldrán de los sepulcros, unos para resurrección de vida y otros para resurrección de condenación. El pasaje muestra que la vida y el juicio están en la autoridad del Hijo.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias porque por medio de Tu Hijo has dado a conocer la vida que proviene de Ti.

Señor, ayúdanos a escuchar la voz de Cristo y a responder a Su palabra. Permítenos vivir conscientes de la vida que Tú das y reconocer la autoridad que has puesto en Tu Hijo.

Guárdanos de ignorar lo que Él ha dicho y llévanos a vivir de acuerdo con Tu verdad, sabiendo que Tú has establecido el juicio y la vida en Él.

Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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