Juan 4:27–38:
Los campos están blancos para la cosecha
27 Y en esto llegaron Sus discípulos, y se maravillaron de que hablara con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: “¿Qué quieres tú?”, o: “¿Por qué hablas Tú con ella?”. 28 Así que la mujer dejó el cántaro y se marchó a la ciudad, y le dice a los hombres: 29 “¡Vengan a ver un hombre que me dijo todo lo que he hecho! ¿No será el Cristo?”. 30 Salieron de la ciudad y comenzaron a ir donde Él.
31 Y mientras tanto, Sus discípulos le insistían, diciendo: “Rabí, come”. 32 Pero Él les dijo: “Yo tengo para comer una comida que ustedes no saben”. 33 Entonces los discípulos comenzaron a decirse entre sí: “¿Acaso alguien le trajo de comer?”. 34 Jesús les dice: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo Su obra. 35 ¿No dicen ustedes: ‘Hay cuatro meses antes de que venga la cosecha’? Pues les digo: ¡Miren! ¡Levanten sus ojos y vean los campos, ya están blancos para la cosecha! 36 Y el segador recibe la paga y recoge fruto para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que siega se regocijen juntos. 37 Porque en esto resulta verdadero el dicho, ‘Uno es el que siembra y otro el que siega’; 38 yo los envié a segar lo que ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes han entrado en su labor”.
Juan 4:27–38 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 4:27–38
Después del diálogo entre Jesús y la mujer samaritana (Juan 4:7–26), los discípulos regresan y el relato describe lo que ocurre tanto con la mujer como con ellos en ese momento.
(v. 27)
«Y en esto llegaron Sus discípulos, y se maravillaron de que hablara con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: “¿Qué quieres tú?”, o: “¿Por qué hablas Tú con ella?”.”»
En ese momento llegan los discípulos. El texto señala que se sorprendieron de que Jesús hablara con una mujer. La expresión que se traduce como “se maravillaron” indica aquí una reacción de asombro ante algo inesperado.
Sin embargo, aunque se sorprendieron, ninguno le hizo preguntas ni a Jesús ni a la mujer. De esta manera, el versículo muestra su reacción sin que intervengan en el diálogo.
(vv. 28–30)
«28 Así que la mujer dejó el cántaro y se marchó a la ciudad, y le dice a los hombres: 29 “¡Vengan a ver un hombre que me dijo todo lo que he hecho! ¿No será el Cristo?”. 30 Salieron de la ciudad y comenzaron a ir donde Él.»
La mujer deja el cántaro, se dirige a la ciudad y comienza a hablar con los hombres.
Les invita a ver a Jesús y menciona que Él le ha dicho todo lo que ha hecho (Juan 4:16–18). A partir de esto, plantea una pregunta: “¿No será este el Cristo?”.
Como resultado, las personas salen de la ciudad y comienzan a ir hacia Él.
(vv. 31–34)
31 Y mientras tanto, Sus discípulos le insistían, diciendo: “Rabí, come”. 32 Pero Él les dijo: “Yo tengo para comer una comida que ustedes no saben”. 33 Entonces los discípulos comenzaron a decirse entre sí: “¿Acaso alguien le trajo de comer?”. 34 Jesús les dice: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo Su obra.
Los discípulos se dirigen a Jesús animándole a comer.
Él responde diciendo que tiene una comida que ellos no conocen. Ante esto, los discípulos interpretan sus palabras en un sentido literal y se preguntan si alguien le ha traído alimento.
Entonces Jesús aclara lo que ha dicho: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo Su obra”.
De esta manera, el texto muestra que los discípulos entienden las palabras de Jesús en un sentido material, mientras que Él está hablando de una realidad distinta: hacer la voluntad de Aquel que lo envió y llevar a cabo Su obra.
(vv. 35–36)
«35 ¿No dicen ustedes: ‘Hay cuatro meses antes de que venga la cosecha’? Pues les digo: ¡Miren! ¡Levanten sus ojos y vean los campos, ya están blancos para la cosecha! 36 Y el segador recibe la paga y recoge fruto para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que siega se regocijen juntos.»
Jesús introduce una comparación tomada del campo. Menciona un dicho conocido acerca del tiempo que transcurre hasta la cosecha: ‘Hay cuatro meses antes de que venga la cosecha’.
Luego contrasta ese dicho con lo que Él afirma: invita a mirar los campos y dice que ya están blancos para la cosecha. En el contexto, esto puede entenderse en relación con las personas que estaban saliendo de la ciudad y viniendo hacia Él (Juan 4:29–30), mostrando que la cosecha no es agrícola, sino que se refiere a las personas que están respondiendo.
A continuación, habla del segador, que “recibe la paga y recoge fruto para vida eterna”. Con esto, Jesús presenta al segador como alguien que participa en una obra que produce vida eterna, y cuya recompensa está ligada a ese fruto.
De esta manera, Jesús describe una situación en la que la cosecha ya está presente, en contraste con la idea inicial de que aún falta tiempo para cosechar. Mientras el dicho hablaba de esperar hasta el momento adecuado, Jesús afirma que ese momento ya ha llegado.
(vv. 37–38)
«37 Porque en esto resulta verdadero el dicho, ‘Uno es el que siembra y otro el que siega’; 38 yo los envié a segar lo que ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes han entrado en su labor”.»
Jesús continúa desarrollando la imagen de la cosecha.
Cita un dicho: “uno es el que siembra y otro el que siega”. Luego lo aplica diciendo que ellos han sido enviados a segar lo que no han trabajado.
Añade que otros han trabajado antes, y que ellos han entrado en esa labor. Esto muestra que la obra no comienza en ese momento, sino que otros ya habían trabajado previamente, preparando el camino para lo que ahora está ocurriendo: personas viniendo a Cristo. Los discípulos participan así en una labor que ya estaba en marcha.
De esta manera, el texto describe una obra en la que intervienen diferentes personas en distintos momentos.
Implicaciones teológicas:
Jesús hablaba sin que sus discípulos intervinieran: el texto muestra que, aunque se sorprendieron, no hicieron preguntas.
La mujer da testimonio de lo que ha escuchado: ella habla a otros acerca de lo que Jesús le dijo.
Las personas responden y van hacia Jesús: el relato muestra un movimiento desde la ciudad hacia Él.
Jesús expresa que su “comida” es hacer la voluntad del que lo envió: Su enfoque está en cumplir la obra que le ha sido dada.
Jesús describe una obra en la que participan diferentes personas: Habla de quienes siembran y quienes siegan, y de una labor en la que otros han trabajado antes.
Jesús afirma que la cosecha está presente: Invita a mirar y ver que los campos ya están listos.
Aplicaciones espirituales:
Observa lo que sucede cuando se habla de Jesús: El texto muestra que otros pueden responder y acercarse.
Presta atención a lo que Jesús considera importante: Él habla de hacer la voluntad de quien lo envió.
Reconoce que hay una obra en la que otros han participado antes: El texto menciona trabajo previo y continuidad.
Mantente atento a lo que Jesús señala como presente: Él dice que los campos ya están listos.
Estas aplicaciones deben llevarse a la vida diaria por medio de la oración, el examen sincero del corazón delante de Dios, y una respuesta concreta de obediencia a la Palabra.
Pregúntate: ¿Estoy atento a lo que Jesús está haciendo y a Su voluntad en el presente, o estoy distraído sin ver la obra que Él ya ha preparado?
Resumen:
En Juan 4:27–38 el relato muestra la llegada de los discípulos y su sorpresa, mientras la mujer va a la ciudad y habla a otros acerca de Jesús, lo que lleva a muchos a dirigirse hacia Él. Al mismo tiempo, Jesús enseña a sus discípulos, explicando que su “comida” es hacer la voluntad de aquel que lo envió y llevar a cabo su obra. También les habla de la cosecha, afirmando que los campos ya están listos y que en esta labor participan diferentes personas, unos sembrando y otros segando. De esta manera, el texto presenta tanto la respuesta de las personas como la enseñanza de Jesús acerca de la obra que está teniendo lugar.
Oración Final
Padre nuestro, te damos gracias porque en Tu Hijo Jesucristo vemos tu obra en medio de las personas, y cómo muchos se acercan a Él al escuchar lo que ha dicho.
Gracias porque nos muestras que hay una obra en marcha, en la que diferentes personas participan, y que Tú eres quien la dirige.
Te pedimos que nos ayudes a prestar atención a lo que Jesús enseña, y a comprender lo que Él dice acerca de hacer Tu voluntad y llevar a cabo Tu obra.
Enséñanos a mirar como Él nos ha mostrado, y a reconocer lo que está delante de nosotros.
Y permite que vivamos atentos a lo que Tú estás haciendo.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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