Juan 4:15–26:
Adorar en espíritu y en verdad
15 La mujer le dice: “¡Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni venga aquí a sacar!”. 16 Jesús le dice: “Ve, llama a tu marido y regresa aquí”. 17 La mujer respondió y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dice: “Bien has dicho: ‘No tengo marido’, 18 porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido. ¡Esto has dicho con verdad!”. 19 La mujer le dice: “Señor, veo que tú eres un profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, mientras que ustedes dicen que en Jerusalén es el lugar donde debemos adorar”. 21 Jesús le dice: “Mujer, créeme, viene un tiempo cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. 22 Ustedes los samaritanos adoran lo que no conocen; nosotros los judíos adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero viene el tiempo, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; sí, porque el Padre está buscando a personas así que le adoren. 24 Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y verdad”.
25 La mujer le dice: “Sé que el Mesías viene” (el que es llamado Cristo). “Cuando Él venga, nos lo explicará todo”. 26 Jesús le dice: “Yo soy, el que te está hablando”.
Juan 4:15–26 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 4:15-26
Después del diálogo inicial en el que Jesús habló del agua que Él da (Juan 4:7–14), la conversación con la mujer samaritana continúa y avanza con nuevas respuestas y preguntas.
(v. 15)
«La mujer le dice: “¡Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni venga aquí a sacar!”.»
La mujer responde a las palabras de Jesús pidiéndole esa agua. Su petición retoma lo que Él ha dicho acerca de no volver a tener sed.
Sin embargo, sus palabras muestran que todavía entiende la conversación en relación con el agua del pozo, al mencionar que así no tendría que venir a sacar agua.
De esta manera, el diálogo continúa mostrando la diferencia entre lo que Jesús está diciendo y lo que la mujer comprende en ese momento.
(vv. 16-18)
«16 Jesús le dice: “Ve, llama a tu marido y regresa aquí”. 17 La mujer respondió y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dice: “Bien has dicho: ‘No tengo marido’, 18 porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido. ¡Esto has dicho con verdad!”.»
En este punto, el diálogo cambia de dirección. Jesús le pide que llame a su marido.
La mujer responde: “No tengo marido”. Jesús reconoce que su respuesta es verdadera, pero añade información que ella no había dicho: ha tenido cinco maridos, y el hombre con el que ahora está no es su marido.
De esta manera, Jesús muestra que conoce su situación personal. El diálogo pasa del tema del agua a la vida de la mujer, poniendo en evidencia lo que hasta ese momento no había sido mencionado.
(v. 19)
«La mujer le dice: “Señor, veo que tú eres un profeta.»
La mujer responde a lo que Jesús ha dicho acerca de su vida reconociendo que Él es un profeta.
Con esta afirmación, su percepción de Jesús avanza: pasa de dirigirse a Él como “Señor” a identificarlo como alguien que habla con conocimiento que no proviene de lo visible.
De esta manera, el diálogo muestra un cambio en cómo la mujer entiende a Jesús.
(v. 20)
«Nuestros padres adoraron en este monte, mientras que ustedes dicen que en Jerusalén es el lugar donde debemos adorar”.»
La mujer introduce ahora el tema de la adoración. Hace referencia a “este monte”, en relación con la práctica de su pueblo, y lo contrasta con lo que los judíos afirman acerca de Jerusalén.
De esta manera, presenta una diferencia entre samaritanos y judíos en cuanto al lugar donde se debe adorar.
Así, el diálogo pasa del tema personal a una cuestión relacionada con la adoración, preparando la respuesta que Jesús dará a continuación.
(vv. 21–24)
«21 Jesús le dice: “Mujer, créeme, viene un tiempo cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. 22 Ustedes los samaritanos adoran lo que no conocen; nosotros los judíos adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero viene el tiempo, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; sí, porque el Padre está buscando a personas así que le adoren. 24 Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y verdad”.»
Jesús responde a la pregunta de la mujer hablando del lugar de la adoración. Afirma que viene un tiempo en el que ya no estará limitada ni a ese monte ni a Jerusalén.
Luego hace una distinción: con “ustedes”, Jesús se refiere a los samaritanos, mientras que con “nosotros” se incluye dentro del pueblo judío. Afirma que los samaritanos adoran lo que no conocen, mientras que los judíos adoran lo que conocen, y añade que la salvación viene de los judíos, señalando el lugar que este pueblo tiene dentro del desarrollo de la salvación.
A continuación, anuncia que ese tiempo no solo viene, sino que ya ha comenzado. En ese tiempo, los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.
Jesús añade que el Padre busca a quienes le adoren de esa manera. Finalmente, afirma que Dios es Espíritu, y que quienes le adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.
(v. 25)
«La mujer le dice: “Sé que el Mesías viene” (el que es llamado Cristo). “Cuando Él venga, nos lo explicará todo”.»
La mujer responde mencionando al Mesías. Afirma que sabe que viene y añade que, cuando Él venga, explicará todas las cosas.
Con esta afirmación, el diálogo alcanza un punto clave: la mujer reconoce que hay una expectativa de alguien que vendrá a dar claridad.
De esta manera, sus palabras preparan el momento siguiente, en el que Jesús responderá directamente.
(v. 26)
Jesús le dice: “Yo soy, el que te está hablando”.
En este momento, Jesús responde directamente a lo que la mujer ha dicho acerca del Mesías.
Afirma: “Yo soy, el que te está hablando”. Con estas palabras, se identifica como aquel a quien la mujer estaba esperando.
De esta manera, el diálogo llega a su punto culminante, pasando de la expectativa del Mesías a la afirmación directa de Jesús sobre sí mismo.
Implicaciones teológicas:
Jesús revela la situación personal de la mujer: el diálogo muestra que Él conoce su vida y la pone en evidencia.
Jesús redefine la adoración: afirma que no estará limitada a un lugar específico, sino que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.
La adoración verdadera está relacionada con el conocimiento de Dios: Jesús distingue entre adorar sin conocer y adorar con conocimiento.
El Padre busca adoradores: el texto afirma que el Padre busca a quienes le adoren en espíritu y en verdad.
Jesús se identifica como el Mesías: responde directamente a la expectativa de la mujer diciendo que Él es quien habla con ella.
Aplicaciones espirituales
Escucha lo que Jesús dice acerca de tu vida: el diálogo muestra que Él habla directamente a la realidad personal.
Dirige tu adoración conforme a lo que Jesús ha enseñado: no basada en un lugar, sino en lo que Él ha dicho.
Busca conocer a Dios: Jesús señala la diferencia entre adorar con conocimiento y sin él.
Responde a la revelación de Jesús: la mujer expresa una expectativa, y Jesús responde identificándose.
Estas aplicaciones deben llevarse a la vida diaria por medio de la oración, el examen sincero del corazón delante de Dios, y una respuesta concreta de obediencia a la Palabra.
Pregúntate: ¿Estoy respondiendo a lo que Jesús revela acerca de mí y de Dios, o estoy manteniéndome en ideas que no han sido confrontadas por Su palabra?
Resumen
En Juan 4:15–26 el diálogo entre Jesús y la mujer samaritana avanza desde la petición del agua hacia su vida personal, y luego hacia el tema de la adoración. Jesús pone en evidencia su situación, responde a su pregunta sobre la adoración y enseña que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Finalmente, ante la expectativa de la mujer acerca del Mesías, Jesús se identifica directamente como aquel que habla con ella. De esta manera, el texto muestra un proceso en el que la conversación pasa de lo visible a lo personal, y de allí a la revelación de Jesús.
Oración final
Padre nuestro, te damos gracias porque por medio de Tu Hijo Jesucristo nos has hablado y nos has mostrado quién es Él.
Gracias porque Jesús conoce nuestra vida y habla a lo que hay en ella. Gracias porque nos enseña cómo adorarte y nos muestra que los verdaderos adoradores te adoran en espíritu y en verdad.
Te pedimos que nos ayudes a escuchar sus palabras, a responder a lo que Él dice y a dirigirnos a Ti como Él ha enseñado.
Y gracias porque en Él nos has dado a conocer al Mesías. Permítenos reconocerlo y seguirle.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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