Mateo 5:43–48:
Amar a los enemigos como el Padre celestial
Mateo 5:43–48 (LPP)
Interpretación correcta de Mateo 5:43–48
Después de enseñar a Sus discípulos a renunciar a la venganza personal (Mateo 5:38–42), Jesús lleva ahora esa enseñanza todavía más lejos. No basta con abstenerse de devolver el mal recibido: deben amar incluso a quienes los tratan como enemigos. El modelo para esa conducta es el propio Padre celestial, quien manifiesta Su bondad tanto hacia justos como hacia injustos.
(v. 43)
«”Ustedes han oído que fue dicho: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’.»
La primera parte, «Amarás a tu prójimo», procede directamente de Levítico 19:18.
Sin embargo, la Ley no contiene el mandamiento «odiarás a tu enemigo». Esa segunda expresión muestra una manera de limitar el deber de amar al prójimo de tal forma que el enemigo quedara fuera de esa obligación.
Jesús rechaza esa limitación. La voluntad de Dios no permite utilizar la categoría de «enemigo» como justificación para responder con odio a quien se opone, ofende o persigue.
(v. 44)
«Pero yo les digo: amen a sus enemigos, bendigan a los que los insultan, hagan el bien a los que los odian, y oren por los que los maltratan y persiguen,»
Jesús manda a Sus discípulos hacer precisamente lo contrario de lo que la hostilidad normalmente provoca.
Deben amar a sus enemigos, bendecir a quienes los insultan, hacer bien a quienes los odian y orar por quienes los maltratan y persiguen.
Este amor no queda reducido a un sentimiento favorable. Se manifiesta en acciones concretas que buscan el bien incluso de quien actúa con hostilidad.
Así, Jesús lleva a su culminación la enseñanza anterior: el discípulo no solamente renuncia a la represalia, sino que responde activamente al enemigo con bien.
(v. 45)
«para que ustedes puedan demostrar que son hijos de su Padre que está en los cielos. Porque Él hace que Su sol brille sobre los malos y sobre los buenos, y manda lluvia sobre justos e injustos.»
Jesús fundamenta el amor hacia los enemigos en el carácter del Padre celestial.
Dios hace salir el sol y envía la lluvia tanto sobre malos como sobre buenos, tanto sobre justos como sobre injustos. Es decir, Su bondad providencial no queda restringida únicamente a quienes actúan correctamente delante de Él.
De la misma manera, Sus hijos no deben limitar el bien únicamente a quienes los tratan bien.
Amar así demuestra el carácter propio de quienes son hijos de su Padre celestial: su manera de tratar incluso a los enemigos comienza a parecerse a la bondad que Dios mismo manifiesta.
(vv. 46–47)
«46 Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿Acaso no hacen lo mismo los publicanos? 47 Y si reciben solo a sus amigos, ¿qué hacen de más? ¿Acaso no hacen así los publicanos?»
Jesús muestra que amar solamente a quienes corresponden ese amor no distingue especialmente a Sus discípulos.
Incluso personas consideradas social y religiosamente despreciables, como los publicanos, podían amar a quienes los amaban y relacionarse favorablemente con quienes pertenecían a su propio círculo.
La justicia del Reino exige algo mayor: hacer bien incluso cuando no existe reciprocidad.
El discípulo no decide a quién tratar con bondad únicamente según el trato que recibe de esa persona.
(v. 48)
«Por lo tanto, sean perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto.»
Jesús concluye con una afirmación que resume el punto hacia el cual ha conducido toda esta enseñanza: «sean perfectos».
En este contexto, «perfectos» no significa que los discípulos alcancen inmediatamente una existencia absolutamente libre de todo pecado. La idea apunta a una integridad completa que no divide a las personas entre aquellas a quienes se ama y aquellas a quienes se considera legítimo odiar.
El Padre hace bien tanto a malos como a buenos; por eso Sus hijos deben mostrar un amor que no quede limitado solamente a quienes los aman.
Al mismo tiempo, esta afirmación cierra toda la sección iniciada en Mateo 5:21. Jesús ha mostrado una justicia que alcanza la ira, los deseos, las palabras, la fidelidad, la renuncia a la venganza y finalmente el amor hacia los enemigos. La justicia del Reino busca reflejar de manera íntegra el carácter del Padre celestial.
Implicaciones
- El amor del Reino alcanza incluso a los enemigos: la hostilidad de otra persona no libera al discípulo del llamado a buscar su bien.
- El amor se manifiesta mediante acciones concretas: bendecir, hacer bien y orar muestran que no se trata solamente de un sentimiento.
- Los hijos de Dios deben reflejar al Padre: Su bondad hacia malos y buenos se convierte en modelo para la conducta de Sus hijos.
- La justicia del Reino supera la reciprocidad natural: no se limita a tratar bien únicamente a quienes hacen lo mismo.
- Jesús llama a una integridad completa: la justicia que ha descrito a lo largo de Mateo 5:21–48 debe alcanzar todas las áreas de la vida y reflejar el carácter del Padre.
Aplicaciones
- Haz bien incluso a quien te trate como enemigo: no permitas que la hostilidad ajena determine tu manera de actuar.
- Ora por quienes te maltratan: lleva delante de Dios incluso a quienes te causan daño.
- No limites tu bondad a quienes te corresponden: aprende a hacer el bien sin exigir reciprocidad.
- Refleja el carácter de tu Padre celestial: trata a otros de una manera coherente con la bondad que Dios manifiesta.
- Busca una obediencia íntegra: permite que la enseñanza de Jesús transforme tu corazón, tus palabras, tus relaciones y tu respuesta frente a quienes se oponen a ti.
Resumen
En Mateo 5:43–48, Jesús rechaza la idea de que el amor pueda limitarse a quienes son considerados prójimos o amigos. Sus discípulos deben amar incluso a sus enemigos, bendecir, hacer el bien y orar por quienes los maltratan y persiguen. El modelo es el Padre celestial, quien manifiesta Su bondad providencial tanto hacia malos como hacia buenos. Amar solamente a quienes corresponden nuestro amor no distingue la justicia del Reino. Por eso Jesús concluye llamando a Sus discípulos a ser «perfectos», es decir, a reflejar de manera íntegra el carácter del Padre. Con estas palabras culmina la enseñanza iniciada en Mateo 5:21 acerca de una justicia que alcanza el corazón, las palabras, las relaciones y aun la manera de responder a los enemigos.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque manifiestas Tu bondad incluso hacia quienes no viven conforme a Tu voluntad.
Ayúdanos a reflejar Tu carácter, haciendo bien incluso a quienes nos ofenden, nos rechazan o se oponen a nosotros.
Líbranos del deseo de limitar nuestra bondad solamente a quienes nos tratan bien, y enséñanos a bendecir, hacer el bien y orar por nuestros enemigos.
Forma en nosotros una obediencia íntegra que alcance nuestro corazón, nuestras palabras y nuestras relaciones, para que nuestra manera de vivir refleje cada vez mejor el carácter de nuestro Padre celestial.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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