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Mateo 5:33–37:
La integridad al hablar

33 ”De nuevo, ustedes han oído que le fue dicho a los antiguos: ‘No jurarás en falso, sino que cumplirás tus juramentos al Señor’. 34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de Sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 No jurarás ni por tu cabeza, porque no puedes hacer un solo cabello blanco o negro. 37 Pero que la palabra de ustedes sea: ‘Sí, sí’, ‘No, no’, porque cualquier cosa más allá de estas procede del maligno.
Mateo 5:33–37 (LPP)

Interpretación correcta de Mateo 5:33–37

Después de enseñar acerca de la pureza del corazón y la fidelidad en el matrimonio (Mateo 5:27–32), Jesús continúa mostrando cómo la justicia del Reino alcanza también las palabras. Ahora aborda los juramentos y enseña que Sus discípulos deben hablar con una integridad tal que no necesiten reforzar constantemente sus afirmaciones mediante fórmulas solemnes. Su «sí» debe significar sí, y su «no», no.

(v. 33)
«”De nuevo, ustedes han oído que le fue dicho a los antiguos: ‘No jurarás en falso, sino que cumplirás tus juramentos al Señor’.»

Jesús resume varios mandamientos de la Ley relacionados con los juramentos (Levítico 19:12; Números 30:2; Deuteronomio 23:21–23).

La Ley condenaba jurar falsamente y exigía cumplir aquello que se había prometido solemnemente delante de Dios.

Jesús parte ahora de esa enseñanza para llevar nuevamente la justicia del Reino más allá de una obediencia meramente formal.

(vv. 34–36)
«34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de Sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 No jurarás ni por tu cabeza, porque no puedes hacer un solo cabello blanco o negro.»

Jesús prohíbe utilizar juramentos como medio habitual para garantizar la veracidad de las propias palabras.

Jurar por el cielo, la tierra, Jerusalén o la propia cabeza no permite colocar ciertas afirmaciones fuera de la presencia y autoridad de Dios. El cielo es Su trono, la tierra el estrado de Sus pies y Jerusalén la ciudad del gran Rey.

Ni siquiera la propia cabeza está realmente bajo el dominio absoluto de quien jura, pues el ser humano no puede hacer blanco o negro un solo cabello.

Por tanto, Jesús desmonta cualquier intento de crear distintos niveles de veracidad según la fórmula utilizada. Delante de Dios, todas las palabras deben ser verdaderas.

(v. 37)
«Pero que la palabra de ustedes sea: ‘Sí, sí’, ‘No, no’, porque cualquier cosa más allá de estas procede del maligno.»

Jesús lleva la enseñanza a su principio fundamental: la palabra del discípulo debe ser suficiente por sí misma.

Su «sí» debe significar realmente sí, y su «no», no. No debe existir una clase de palabras que sean confiables solamente porque estén acompañadas de un juramento y otra clase que puedan tomarse con menor seriedad.

La necesidad de añadir fórmulas para hacer que una afirmación parezca más verdadera revela un problema de fondo en la manera de hablar. Jesús exige una integridad constante en la que toda palabra sea pronunciada con sinceridad.

La expresión «procede del maligno» muestra la seriedad con la que Jesús considera todo aquello que introduce engaño, manipulación o doblez en el lenguaje.

Implicaciones

  • La justicia del Reino alcanza también las palabras: Dios demanda veracidad constante, no solamente en momentos solemnes.
  • La palabra del discípulo debe ser confiable por sí misma: el «sí» debe ser sí y el «no», no.
  • No existen espacios fuera de la autoridad de Dios: cielo, tierra, Jerusalén y la propia vida están bajo Su dominio.
  • La integridad no debe depender de fórmulas especiales: toda afirmación debe pronunciarse con la misma sinceridad.
  • El engaño y la doblez son incompatibles con el Reino: Jesús relaciona aquello que excede una palabra íntegra con el mal.

Aplicaciones

  • Habla siempre con verdad: no reserves la sinceridad solamente para situaciones en las que hayas hecho una promesa solemne.
  • Haz que tu palabra sea confiable: procura que los demás puedan tomar seriamente tu «sí» y tu «no».
  • No utilices fórmulas para manipular la confianza de otros: permite que sea tu integridad la que dé peso a tus palabras.
  • Cumple aquello que afirmas o prometes: no trates tus propias palabras como si fueran descartables.
  • Recuerda que siempre hablas delante de Dios: ninguna conversación queda fuera de Su conocimiento y autoridad.

Resumen

En Mateo 5:33–37, Jesús enseña que la justicia del Reino alcanza también la manera de hablar. La Ley prohibía jurar falsamente y exigía cumplir los juramentos hechos al Señor, pero Jesús llama a Sus discípulos a una integridad aún más profunda: sus palabras deben ser verdaderas sin depender de fórmulas especiales que las hagan parecer más confiables. Jurar por el cielo, la tierra, Jerusalén o la propia cabeza no coloca ninguna afirmación fuera de la autoridad de Dios. Por eso el discípulo debe hablar con sencillez y verdad: que su «sí» sea sí y su «no», no.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias porque Tú eres verdadero y fiel en todo lo que dices.

Ayúdanos a reflejar esa verdad en nuestra manera de hablar, para que nuestras palabras sean sinceras, responsables y dignas de confianza.

Guárdanos de la exageración, la manipulación y toda forma de engaño. Enséñanos a cumplir aquello que decimos y a recordar que cada una de nuestras palabras es pronunciada delante de Ti.

Que nuestro «sí» sea verdaderamente sí y nuestro «no» sea verdaderamente no, y que nuestra manera de hablar honre siempre a Jesucristo.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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