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Juan 9:8–12:
La reacción de los vecinos y el testimonio del hombre

8 Entonces los vecinos y los que antes habían visto que era ciego comenzaron a decir: “¿No es este el que se sentaba y mendigaba?”. 9 Otros decían: “Este es él”; pero otros: “Es parecido a él”. Él seguía diciendo: “¡Soy yo!”. 10 Entonces le decían: “¿Cómo fueron abiertos tus ojos?”. 11 Él respondió y dijo: “Un hombre llamado Jesús hizo lodo y me lo untó en los ojos, y me dijo: ‘Ve al estanque de Siloé y lávate’. ¡Así que cuando fui y me lavé, vi!”. 12 Luego le dijeron: “¿Dónde está Él?”. Dice: “No sé”.
Juan 9:8–12 (LPP)

Interpretación correcta de Juan 9:8–12

Después de que Jesús da vista al hombre ciego de nacimiento (Juan 9:1–7), el relato muestra la reacción de quienes lo conocían anteriormente. El cambio es tan evidente que algunos incluso dudan de que se trate de la misma persona. El hombre confirma su identidad y relata sencillamente cómo Jesús le abrió los ojos, aunque todavía sabe muy poco acerca de Él.

(v. 8)
«Entonces los vecinos y los que antes habían visto que era ciego comenzaron a decir: “¿No es este el que se sentaba y mendigaba?”.»

Los vecinos y quienes conocían anteriormente al hombre quedan sorprendidos al verlo.

Lo recuerdan por su condición anterior: era el hombre ciego que se sentaba a mendigar.

La pregunta muestra que la transformación es evidente y que quienes conocían su situación anterior pueden comprobar que algo extraordinario ha ocurrido.

(v. 9)
«Otros decían: “Este es él”; pero otros: “Es parecido a él”. Él seguía diciendo: “¡Soy yo!”.»

Las opiniones se dividen.

Algunos reconocen inmediatamente al hombre; otros creen que solamente se parece a él.

El propio hombre termina resolviendo la cuestión al insistir:

«¡Soy yo!»

Juan establece así claramente la continuidad entre el hombre que había nacido ciego y aquel que ahora puede ver. No se trata de otra persona parecida, sino del mismo hombre cuya condición acaba de ser transformada.

(v. 10)
«Entonces le decían: “¿Cómo fueron abiertos tus ojos?”.»

Una vez establecida su identidad, la pregunta cambia.

Ya no discuten principalmente si es el mismo hombre, sino:

«¿Cómo fueron abiertos tus ojos?»

La sanidad se convierte ahora en el centro de la conversación. Quienes habían conocido su ceguera quieren saber cómo ha ocurrido algo que resulta tan evidente ante ellos.

(v. 11)
«Él respondió y dijo: “Un hombre llamado Jesús hizo lodo y me lo untó en los ojos, y me dijo: ‘Ve al estanque de Siloé y lávate’. ¡Así que cuando fui y me lavé, vi!”.»

El hombre relata sencillamente lo sucedido.

Identifica a quien lo sanó como: «un hombre llamado Jesús».

Después describe los hechos tal como los experimentó: Jesús hizo lodo, lo puso sobre sus ojos, le ordenó ir a Siloé y lavarse, y cuando obedeció recibió la vista.

Su manera de referirse a Jesús es importante para seguir el desarrollo del capítulo. En este momento solamente dice: «un hombre llamado Jesús».

Todavía no muestra una comprensión más profunda de quién es Jesús. Esa comprensión irá desarrollándose conforme sea interrogado y reflexione acerca de lo ocurrido.

(v. 12)
«Luego le dijeron: “¿Dónde está Él?”. Dice: “No sé”.»

Después de escuchar su relato, preguntan dónde está Jesús.

El hombre responde sencillamente: «No sé».

Esto confirma que su conocimiento de Jesús en este momento es todavía limitado. Ha experimentado directamente Su obra y puede relatar lo ocurrido, pero ni siquiera sabe dónde se encuentra Aquel que lo sanó.

El relato deja así abierta la cuestión que ocupará buena parte del capítulo: ¿quién es realmente Jesús?

Implicaciones

  • La sanidad es públicamente comprobable: quienes conocían al hombre antes pueden constatar que ahora ve.
  • El hombre puede dar testimonio de lo que Jesús hizo aunque todavía conozca poco acerca de Él: su comprensión de Jesús aún es limitada.
  • La obra de Jesús provoca preguntas: el cambio lleva a quienes conocían al hombre a investigar cómo recibió la vista.
  • El relato establece claramente que es el mismo hombre: él mismo insiste en su identidad frente a quienes dudan.
  • El conocimiento del hombre acerca de Jesús irá desarrollándose: por ahora solamente lo identifica como «un hombre llamado Jesús».

Aplicaciones

  • Habla con verdad acerca de lo que sabes: el hombre no exagera su conocimiento; relata exactamente lo que ocurrió.
  • No pretendas saber más de Cristo de lo que realmente conoces: cuando le preguntan dónde está Jesús, responde sencillamente «No sé».
  • Presta atención a las obras de Jesús: quienes conocían al hombre tuvieron delante de ellos un cambio que exigía una explicación.
  • Busca comprender quién es Jesús, no solamente lo que ha hecho: el hombre ya conoce Su obra, pero todavía deberá avanzar en el conocimiento de Su identidad.

Resumen

En Juan 9:8–12, los vecinos y quienes conocían anteriormente al hombre ciego quedan sorprendidos al verlo ahora con vista. Algunos lo reconocen, mientras otros creen que solamente se parece al hombre que conocían, pero él mismo insiste: «Soy yo». Cuando le preguntan cómo fueron abiertos sus ojos, relata sencillamente que «un hombre llamado Jesús» hizo lodo, lo puso sobre sus ojos y le ordenó lavarse en Siloé, después de lo cual recibió la vista. Sin embargo, cuando le preguntan dónde está Jesús, responde que no lo sabe. El relato confirma públicamente la realidad de la sanidad y muestra que el hombre puede testificar acerca de lo que Jesús hizo aunque su conocimiento acerca de Él todavía sea limitado.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias por las obras que realizaste por medio de Tu Hijo y por el testimonio que estas dan acerca de Él.

Danos sinceridad para hablar con verdad acerca de lo que sabemos y humildad para reconocer aquello que todavía no comprendemos.

Ayúdanos a prestar atención a las obras y palabras de Jesús y a crecer en el conocimiento verdadero de quién es Él.

Guíanos por Tu verdad mientras continuamos recibiendo lo que has revelado acerca de Tu Hijo.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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