Juan 9:35–41:
Jesús se revela al hombre y confronta la ceguera espiritual
Juan 9:35–41 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 9:35–41
Después de que el hombre que había recibido la vista es expulsado (Juan 9:13–34), Jesús lo encuentra nuevamente. A lo largo del capítulo, su comprensión acerca de Jesús ha ido creciendo: primero habló de «un hombre llamado Jesús», después afirmó que era «un profeta» y finalmente sostuvo que debía proceder de Dios. Ahora Jesús mismo le revelará quién es. El encuentro culminará con el hombre creyendo y adorándolo, mientras Jesús mostrará el contraste entre quienes reciben la luz y quienes, afirmando que ven, permanecen en su pecado.
(v. 35)
«Jesús oyó que lo habían expulsado, y habiéndolo hallado, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”.»
Jesús oye que han expulsado al hombre y va a encontrarlo.
Después de todo el interrogatorio acerca de quién es Jesús, ahora es Jesús mismo quien toma la iniciativa y lleva al hombre hacia la cuestión decisiva:
«¿Crees tú en el Hijo de Dios?»
El centro ya no está simplemente en cómo fueron abiertos sus ojos, sino en quién es Aquel que los abrió.
Esta pregunta prepara el punto culminante del proceso que ha venido desarrollándose durante todo el capítulo.
(v. 36)
«Él respondió y dijo: “¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?”.»
El hombre todavía no sabe que Jesús es el Hijo de Dios, pero muestra disposición a recibir la revelación:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en Él?»
Su respuesta confirma que su comprensión todavía no está completa. Ha reconocido que Jesús es un profeta y que procede de Dios, pero aún necesita saber plenamente quién es.
El desarrollo del capítulo muestra así una comprensión progresiva, no una comprensión completa desde el comienzo.
(v. 37)
«Así que Jesús le dijo: “Pues lo has visto: el que habla contigo, Él es”.»
Jesús se identifica directamente: «el que habla contigo, Él es».
Pero existe además una fuerza especial en Sus primeras palabras: «lo has visto».
El hombre que había nacido ciego ahora puede ver a Aquel que le dio la vista.
(v. 38)
«Y él dijo: “¡Creo, Señor!”. Y lo adoró.»
La respuesta del hombre es inmediata:
«¡Creo, Señor!»
y después adora a Jesús.
El proceso que comenzó con «un hombre llamado Jesús» (Juan 9:11) alcanza aquí su culminación. El hombre ya no solamente reconoce que Jesús realizó una obra extraordinaria o que procede de Dios; ahora cree en Él como el Hijo de Dios y responde adorándolo.
El hecho de que Jesús reciba esa adoración refuerza la extraordinaria identidad que Juan viene revelando acerca de Él.
(v. 39)
«Y Jesús dijo: “Yo vine a este mundo para juicio, para que los que no ven, vean; y los que ‘ven’, se vuelvan ciegos”.»
Jesús dice:
«Yo vine a este mundo para juicio».
Esto no contradice Juan 3:17, donde se afirma que Dios no envió al Hijo al mundo para condenarlo, ni Juan 8:15, donde Jesús dijo «yo no juzgo a nadie» dentro de aquel contexto.
Su venida no tiene como propósito principal ejecutar inmediatamente la condenación final; sin embargo, la presencia de Jesús produce juicio al revelar cómo responde cada persona a la Luz.
Esto es exactamente lo que ha ocurrido a lo largo del capítulo.
El hombre que comenzó físicamente ciego ha recibido vista y ha llegado a reconocer a Jesús. En contraste, aquellos que se consideran capaces de ver y juzgar correctamente han rechazado progresivamente la obra que tienen delante.
Por eso Jesús declara:
«para que los que no ven, vean; y los que “ven”, se vuelvan ciegos».
La Luz revela la verdadera condición de cada uno. Quienes reconocen su necesidad pueden recibir vista; quienes se consideran capaces de ver mientras rechazan a Jesús manifiestan su propia ceguera.
(v. 40)
«Y algunos de los fariseos que estaban con Él oyeron esto y le dijeron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?”.»
Algunos fariseos que estaban allí comprenden que las palabras de Jesús también los alcanzan.
Por eso preguntan:
«¿Acaso también nosotros somos ciegos?»
La pregunta muestra que rechazan la posibilidad de encontrarse entre aquellos que no ven. Se consideran personas capaces de discernir correctamente las cosas de Dios.
Jesús responderá precisamente a esa pretensión.
(v. 41)
«Jesús les dijo: “Si fueran ‘ciegos’ no tendrían pecado; pero ahora dicen: ‘Vemos’, así que su pecado permanece”.»
Jesús no está diciendo simplemente: «Si reconocieran que son ciegos, no tendrían pecado».
Eso modifica ligeramente Sus palabras.
Él dice:
«Si fueran ciegos, no tendrían pecado».
El contraste está entre una verdadera falta de visión y la pretensión de poseerla mientras rechazan la luz que tienen delante.
Estos fariseos afirman: «Vemos».
Es decir, se consideran capaces de discernir correctamente quién procede de Dios y quién es pecador. Pero han tenido delante la obra de Jesús, han investigado lo ocurrido, han recibido el testimonio del hombre y de sus padres, y aun así continúan rechazando a Aquel que realizó la señal.
Por eso Jesús concluye: «su pecado permanece».
Su responsabilidad está vinculada precisamente con la luz que tienen delante y que se niegan a recibir. No son simplemente personas que carecen de información; afirman ver mientras rechazan aquello que Dios ha puesto delante de ellos.
Esto enlaza muy bien con el tema de la Luz que comenzó en Juan 8:12 y volvió a aparecer en Juan 9:5.
Implicaciones
- Jesús lleva al hombre hacia el conocimiento de Su verdadera identidad: la sanidad física no era el final del encuentro.
- La comprensión del hombre acerca de Jesús progresa hasta reconocerlo como el Hijo de Dios: el capítulo muestra un desarrollo continuo en su respuesta.
- Jesús recibe la adoración del hombre: su respuesta corresponde con la identidad que Jesús acaba de revelarle.
- La venida de Jesús produce juicio al revelar la verdadera condición de las personas: la respuesta a la Luz pone de manifiesto quién ve y quién permanece ciego.
- La pretensión de tener visión no garantiza verdadera comprensión: los fariseos afirman «Vemos», pero rechazan la evidencia que tienen delante.
- Rechazar la luz recibida deja el pecado permaneciendo: la responsabilidad de los fariseos aumenta precisamente porque afirman conocer mientras rechazan a Jesús.
Aplicaciones
- Busca conocer quién es Jesús, no solamente lo que puede hacer: el hombre comenzó con la experiencia de una sanidad, pero el relato culmina conociendo y adorando al Hijo de Dios.
- Responde a la revelación de Jesús: cuando Cristo le revela quién es, el hombre responde: «Creo, Señor».
- No confíes en tu propia capacidad de ver: reconocer correctamente a Jesús exige recibir la luz que Él revela.
- No rechaces aquello que Dios ha puesto claramente delante de ti: los fariseos investigaron la señal y, aun así, continuaron resistiendo su significado.
- Adora a Jesús por quien Él es: el hombre responde a la revelación del Hijo de Dios creyendo y adorándolo.
Resumen
En Juan 9:35–41, Jesús encuentra al hombre que había recibido la vista después de que este es expulsado y le pregunta si cree en el Hijo de Dios. Cuando el hombre pregunta quién es, Jesús se revela directamente: «lo has visto: el que habla contigo, Él es». El hombre responde: «¡Creo, Señor!», y lo adora, culminando así el crecimiento de su comprensión acerca de Jesús. Luego Jesús explica que Su venida produce juicio: quienes no ven pueden recibir vista, mientras quienes afirman ver manifiestan su ceguera al rechazar la Luz. Algunos fariseos preguntan si también ellos son ciegos, y Jesús responde que precisamente porque dicen «Vemos» mientras rechazan lo que tienen delante, su pecado permanece. Así, el hombre que comenzó el capítulo físicamente ciego termina viendo quién es Jesús, mientras quienes afirmaban ver quedan expuestos en su verdadera ceguera.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque en Jesucristo has revelado a Tu Hijo y porque Él es la Luz que permite reconocer la verdad.
Ayúdanos a recibir con humildad lo que Jesús revela acerca de Sí mismo y a responder como aquel hombre: creyendo en Él y adorándolo.
Guárdanos de confiar en nuestra propia comprensión mientras rechazamos la luz que has puesto delante de nosotros.
Danos ojos para reconocer la verdad y un corazón dispuesto a recibir a Tu Hijo por quien Él verdaderamente es.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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