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Juan 9:13–34:
El hombre sanado ante los fariseos

13 Llevaron al que antes había sido ciego a los fariseos. 14 (Y era un sabbat cuando Jesús hizo el lodo y abrió sus ojos.) 15 Así que, de nuevo, los fariseos también le preguntaban cómo había recibido la vista. Y él les dijo: “Él puso lodo sobre mis ojos, y me lavé y veo”. 16 Entonces algunos de los fariseos decían: “Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sabbat”. Otros decían: “¿Cómo puede un hombre pecador realizar tales señales?”. Y había división entre ellos. 17 Así que se dirigen de nuevo al ciego: “¿Tú qué dices de Él, ya que te abrió los ojos?”. Y él dijo: “Que es un profeta”. 18 Sin embargo, los judíos no creyeron acerca de él que había sido ciego y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista. 19 Y les preguntaron, diciendo: “¿Es este el hijo de ustedes, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”. 20 Así que sus padres les respondieron y dijeron: “Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego. 21 Pero no sabemos cómo es que ahora mira, o quién le abrió los ojos. Nosotros no lo sabemos. Él edad tiene, pregúntenle a él. Él hablará por sí mismo”. 22 Sus padres dijeron estas cosas porque tenían miedo de los judíos, porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguno confesaba que Él era Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso sus padres dijeron: “Edad tiene, pregúntenle a él”. 24 Entonces llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: “¡Da gloria a Dios! Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. 25 Así que él respondió y dijo: “Si es pecador, no lo sé. Una sola cosa sé, ¡que yo era ciego y ahora veo!”. 26 Pero le preguntaron de nuevo: “¿Qué fue lo que te hizo? ¿Cómo abrió tus ojos?”. 27 Les respondió: “Ya les dije, y no oyeron. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿Acaso ustedes también quieren ser sus discípulos?”. 28 Lo insultaron y dijeron: “Tú eres discípulo de ese hombre, pero nosotros somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés; pero este no sabemos de dónde es”. 30 El hombre les respondió y les dijo: “¡Vaya, esto es increíble, que ustedes no sepan de dónde es Él, pero abrió mis ojos! 31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; sin embargo, si alguno es devoto y hace Su voluntad, a este oye. 32 Desde el principio del tiempo nunca se ha oído que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si este hombre no fuera de Dios, no podría hacer nada”. 34 Respondieron y le dijeron: “Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas?”. Y lo expulsaron.
Juan 9:13–34 (LPP)

Interpretación correcta de Juan 9:13–34

Después de que los vecinos escuchan el testimonio del hombre que había sido ciego (Juan 9:8–12), lo llevan ante los fariseos. Entonces aparece un detalle decisivo: Jesús había hecho lodo y le había abierto los ojos durante un sabbat. A partir de ese momento, la sanidad da lugar a una investigación que va intensificándose. Mientras algunos fariseos se preguntan cómo podría un pecador realizar semejante señal, otros concluyen que Jesús no puede proceder de Dios. Entretanto, el hombre que recibió la vista irá expresando cada vez con mayor claridad lo que entiende acerca de Aquel que lo sanó.

(v. 13–15)
«13 Llevaron al que antes había sido ciego a los fariseos. 14 (Y era un sabbat cuando Jesús hizo el lodo y abrió sus ojos.) 15 Así que, de nuevo, los fariseos también le preguntaban cómo había recibido la vista. Y él les dijo: “Él puso lodo sobre mis ojos, y me lavé y veo”.»

El hombre es llevado ante los fariseos, y Juan explica entonces un detalle que será central para la controversia: Jesús había hecho el lodo y abierto sus ojos durante un sabbat.

Como ocurrió anteriormente con la sanidad de Betesda (Juan 5:9–18), una obra de Jesús realizada en sabbat provoca nuevamente una discusión acerca de Su relación con ese día.

Los fariseos preguntan cómo recibió la vista, y el hombre responde sin adornar el relato:

«Él puso lodo sobre mis ojos, y me lavé y veo».

La sanidad misma no está en duda para él. Había sido ciego y ahora puede ver; lo que comenzará a discutirse es qué revela esta obra acerca de Jesús.

(v. 16–17)
«16 Entonces algunos de los fariseos decían: “Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sabbat”. Otros decían: “¿Cómo puede un hombre pecador realizar tales señales?”. Y había división entre ellos. 17 Así que se dirigen de nuevo al ciego: “¿Tú qué dices de Él, ya que te abrió los ojos?”. Y él dijo: “Que es un profeta”.»

Los fariseos no llegan a una conclusión común.

Algunos parten de su interpretación del sabbat y concluyen:

«Este hombre no es de Dios».

Otros, sin embargo, encuentran un problema en esa conclusión:

«¿Cómo puede un hombre pecador realizar tales señales?»

La propia señal los divide. La acusación contra Jesús y la realidad de lo que ha hecho no encajan fácilmente entre sí.

Por eso preguntan al propio hombre:

«¿Tú qué dices de Él?»

Su respuesta muestra un avance respecto a Juan 9:11. Allí había hablado de «un hombre llamado Jesús»; ahora responde:

«Que es un profeta».

Todavía no ha llegado a comprender plenamente quién es Jesús, pero ya reconoce que la obra realizada apunta hacia alguien enviado por Dios.

(v. 18–23)
«18 Sin embargo, los judíos no creyeron acerca de él que había sido ciego y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista. 19 Y les preguntaron, diciendo: “¿Es este el hijo de ustedes, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?”. 20 Así que sus padres les respondieron y dijeron: “Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego. 21 Pero no sabemos cómo es que ahora mira, o quién le abrió los ojos. Nosotros no lo sabemos. Él edad tiene, pregúntenle a él. Él hablará por sí mismo”. 22 Sus padres dijeron estas cosas porque tenían miedo de los judíos, porque los judíos ya se habían puesto de acuerdo en que si alguno confesaba que Él era Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso sus padres dijeron: “Edad tiene, pregúntenle a él”.»

Aquí «los judíos» se refiere en el contexto a las autoridades involucradas en la investigación, no al pueblo judío en general.

Como no aceptan todavía que el hombre realmente hubiera nacido ciego y ahora viera, llaman a sus padres y les hacen tres preguntas: si verdaderamente es su hijo, si nació ciego y cómo puede ver ahora.

Los padres confirman sin vacilación los dos primeros hechos: «este es nuestro hijo» y «nació ciego».

De esta manera, su testimonio elimina la duda acerca de la identidad del hombre y de su condición desde el nacimiento.

Sin embargo, cuando les preguntan cómo recibió la vista y quién abrió sus ojos, evitan responder:

«Él edad tiene, pregúntenle a él».

Juan explica directamente la razón: tenían miedo, porque ya se había acordado que quien confesara que Jesús era el Cristo fuera expulsado de la sinagoga.

Por tanto, no necesitamos especular sobre sus motivos. El propio texto muestra el contraste: confirman los hechos que conocen, pero evitan pronunciarse acerca de Jesús debido al temor de las consecuencias.

(v. 24–25)
«24 Entonces llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: “¡Da gloria a Dios! Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. 25 Así que él respondió y dijo: “Si es pecador, no lo sé. Una sola cosa sé, ¡que yo era ciego y ahora veo!”.»

Las autoridades llaman al hombre nuevamente, pero ahora su postura acerca de Jesús aparece claramente:

«Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador».

La expresión «Da gloria a Dios» no significa simplemente que le estén pidiendo que adore a Dios. Es una fórmula solemne mediante la cual lo presionan para que diga la verdad y acepte la conclusión que ellos consideran correcta. Un antecedente semejante aparece en Josué 7:19.

En otras palabras, pretenden separar la obra realizada de Jesús: da gloria a Dios, pero reconoce que Jesús es pecador.

El hombre todavía no entra directamente a discutir esa afirmación. Responde desde aquello que puede afirmar con absoluta certeza:

«Una sola cosa sé, ¡que yo era ciego y ahora veo!»

No está diciendo que la identidad de Jesús sea irrelevante. Simplemente se niega a negar el hecho evidente que ellos intentan encajar dentro de su conclusión previa.

(v. 26–27)
«26 Pero le preguntaron de nuevo: “¿Qué fue lo que te hizo? ¿Cómo abrió tus ojos?”. 27 Les respondió: “Ya les dije, y no oyeron. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿Acaso ustedes también quieren ser sus discípulos?”.»

Vuelven a preguntarle aquello que ya había explicado.

El hombre señala directamente el problema:

«Ya les dije, y no oyeron».

No es falta de información. Ya han recibido su testimonio, pero siguen interrogándolo.

Entonces responde con una pregunta provocadora:

«¿Acaso ustedes también quieren ser sus discípulos?»

La expresión «también» resulta llamativa porque lo coloca a él mismo del lado de quienes podrían ser considerados discípulos de Jesús, aunque su comprensión todavía está desarrollándose.

Su respuesta muestra también que ha dejado de ser simplemente un objeto de la investigación. Ahora comienza a confrontar a quienes lo interrogan con las consecuencias de lo que han visto y oído.

(v. 28–29)
«28 Lo insultaron y dijeron: “Tú eres discípulo de ese hombre, pero nosotros somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés; pero este no sabemos de dónde es”.»

La pregunta del hombre provoca una reacción hostil.

Lo insultan y establecen un contraste:

«Tú eres discípulo de ese hombre, pero nosotros somos discípulos de Moisés».

Afirman saber que Dios habló a Moisés, mientras declaran acerca de Jesús: «este no sabemos de dónde es».

Aquí aparece una profunda contradicción con lo que el Evangelio viene mostrando. Ellos apelan a una revelación verdadera dada por Dios mediante Moisés, pero utilizan esa seguridad para rechazar a Aquel cuyas obras están delante de ellos.

Además, la cuestión «de dónde es Jesús» ya ha sido importante en Juan (Juan 7:27–29; Juan 8:14). Ellos reconocen que no conocen Su procedencia, precisamente mientras Jesús viene afirmando que procede del Padre.

(v. 30–33)
«30 El hombre les respondió y les dijo: “¡Vaya, esto es increíble, que ustedes no sepan de dónde es Él, pero abrió mis ojos! 31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; sin embargo, si alguno es devoto y hace Su voluntad, a este oye. 32 Desde el principio del tiempo nunca se ha oído que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si este hombre no fuera de Dios, no podría hacer nada”.»

Aquí el hombre ya no se limita a relatar lo ocurrido. Comienza a argumentar a partir de la señal.

Su razonamiento es sencillo: ellos afirman no saber de dónde procede Jesús, pero no pueden negar que abrió los ojos de alguien que había nacido ciego.

Luego afirma:

«Dios no oye a los pecadores; sin embargo, si alguno es devoto y hace Su voluntad, a este oye».

Aquí debemos ser cuidadosos. Estas palabras forman parte del razonamiento del hombre, no son una declaración doctrinal independiente de Juan de que Dios nunca oye bajo ninguna circunstancia a una persona pecadora.

Su argumento refleja un principio bíblico reconocido: Dios no aprueba ni respalda a quien vive en rebelión contra Él, mientras escucha favorablemente a quienes le buscan y hacen Su voluntad (Salmos 66:18; Proverbios 15:29).

Entonces añade que nunca se había oído que alguien abriera los ojos de una persona ciega de nacimiento. Para él, la magnitud de la obra hace todavía más absurda la afirmación de que Jesús sea simplemente un pecador apartado de Dios.

Por eso concluye:

«Si este hombre no fuera de Dios, no podría hacer nada».

Su comprensión ha avanzado nuevamente. Primero habló de «un hombre llamado Jesús» (v.11), luego dijo «es un profeta» (v.17), y ahora afirma que Jesús es de Dios.

(v. 34)
«Respondieron y le dijeron: “Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas?”. Y lo expulsaron.»

Las autoridades no responden al razonamiento del hombre. En lugar de hacerlo, atacan su condición de nacimiento:

«Tú naciste enteramente en pecados».

La acusación resulta especialmente significativa después de la pregunta de los discípulos al comienzo del capítulo acerca de si su ceguera había sido causada por pecado (Juan 9:2–3). Jesús había rechazado aquella explicación; ahora estas autoridades vuelven precisamente a interpretar su nacimiento y su ceguera como señal de una condición pecaminosa que, según ellos, lo descalifica para enseñarles.

Finalmente: «lo expulsaron».

El verbo indica que lo echaron fuera. Dado que Juan ya ha explicado el peligro de ser expulsado de la sinagoga (v.22), puede existir una relación con esa medida, pero el v.34 por sí solo no necesita que afirmemos con absoluta seguridad todos los detalles de un procedimiento formal de excomunión.

Lo decisivo narrativamente es el contraste: el hombre que había recibido la vista presenta un razonamiento basado en la obra de Jesús, y quienes lo interrogan terminan rechazándolo y echándolo fuera.

Implicaciones

  • Una señal puede ser investigada y aun así interpretada desde conclusiones previamente establecidas: algunos fariseos concluyen que Jesús no puede ser de Dios porque actuó en sabbat, mientras otros reconocen que la señal plantea un problema para esa conclusión.
  • La evidencia acerca de la sanidad queda progresivamente confirmada: el hombre testifica y sus propios padres confirman que nació ciego.
  • El temor puede limitar la disposición a hablar abiertamente acerca de Jesús: los padres evitan pronunciarse sobre quién abrió los ojos de su hijo porque temen ser expulsados de la sinagoga.
  • La comprensión del hombre acerca de Jesús progresa: pasa de llamarlo «un hombre» a reconocerlo como profeta y finalmente afirmar que procede de Dios.
  • La obra de Jesús confronta las conclusiones de Sus adversarios: deben explicar cómo alguien a quien llaman pecador pudo abrir los ojos de un ciego de nacimiento.
  • El rechazo puede llegar a sustituir el argumento por la descalificación personal: cuando el hombre los confronta, terminan atacándolo y echándolo fuera.

Aplicaciones

  • No fuerces la evidencia para proteger una conclusión previamente asumida: examina con honestidad aquello que tienes delante.
  • No permitas que el temor a las consecuencias determine lo que estás dispuesto a reconocer acerca de Jesús: los padres sabían ciertos hechos, pero el miedo limitó su respuesta.
  • Habla con claridad acerca de aquello que sabes: el hombre no permite que la presión lo haga negar que había sido ciego y ahora veía.
  • Sigue creciendo en el conocimiento de Jesús: el hombre no comprende todo inmediatamente, pero lo ocurrido lo lleva progresivamente a reconocer más acerca de Él.
  • No descalifiques a una persona para evitar responder a su argumento: las autoridades terminan atacando al hombre cuando su razonamiento los confronta.

Resumen

En Juan 9:13–34, el hombre que había nacido ciego es llevado ante los fariseos, y Juan revela que Jesús había abierto sus ojos durante un sabbat. Algunos concluyen que Jesús no puede proceder de Dios porque no guarda el sabbat, mientras otros se preguntan cómo un pecador podría realizar semejantes señales. El hombre declara que Jesús es un profeta, y sus padres confirman que realmente nació ciego, aunque evitan hablar acerca de Jesús por temor a ser expulsados de la sinagoga. En un segundo interrogatorio, las autoridades insisten en que Jesús es pecador, pero el hombre se mantiene firme en aquello que sabe: «yo era ciego y ahora veo». Finalmente argumenta que una obra semejante muestra que Jesús procede de Dios. Incapaces de aceptar su razonamiento, lo descalifican por haber nacido ciego y lo echan fuera. Mientras aumenta el rechazo hacia Jesús, la comprensión del hombre acerca de Él continúa creciendo.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias por las obras que realizaste por medio de Tu Hijo y por el testimonio que estas dan acerca de quién es Él.

Danos humildad para examinar la verdad sin permitir que nuestras conclusiones previas, nuestro orgullo o el temor a otras personas nos impidan recibirla.

Ayúdanos a hablar con sinceridad acerca de aquello que sabemos y a seguir creciendo en el conocimiento de Jesucristo.

Guárdanos de rechazar la verdad cuando confronte nuestras ideas y danos un corazón dispuesto a reconocer aquello que Tus obras y Tu palabra revelan acerca de Tu Hijo.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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