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Juan 9:1–7:
Jesús da vista al ciego de nacimiento y manifiesta las obras de Dios

1 Y al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y Sus discípulos le preguntaron, diciendo: “Rabí, ¿quién pecó, este hombre o sus padres, para que haya nacido ciego?”. 3 Jesús respondió: “No pecó ni este ni sus padres, sino para que se manifestaran las obras de Dios en Él. 4 Yo debo hacer las obras de Aquel que me envió mientras es de día; viene la noche cuando nadie puede trabajar. 5 Mientras esté en el mundo, soy la Luz del mundo”. 6 Después de decir estas cosas, escupió en el suelo e hizo lodo con la saliva, y untó el lodo sobre los ojos del ciego. 7 Y le dijo: “Ve, lávate en el estanque de Siloé” (que se traduce: ‘Enviado’). Así que fue y se lavó, ¡y regresó viendo!
Juan 9:1–7 (LPP)

Interpretación correcta de Juan 9:1–7

Después de declarar: «Yo soy la Luz del mundo» (Juan 8:12), Jesús encuentra a un hombre ciego de nacimiento. La sanidad que sigue no será solamente una demostración de poder, sino una obra en la que se manifestará aquello que Jesús acaba de afirmar acerca de Sí mismo. Al mismo tiempo, el encuentro corrige la manera en que los discípulos interpretan el sufrimiento y abre una nueva controversia acerca de la identidad de Jesús.

(v. 1)
«Y al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.»

Juan subraya desde el comienzo que el hombre era ciego de nacimiento.

No había perdido la vista posteriormente ni se trataba de una condición reciente: nunca había podido ver.

Este detalle hace especialmente significativa la obra que Jesús realizará y será retomado más adelante durante la investigación acerca de la sanidad.

(v. 2)
«Y Sus discípulos le preguntaron, diciendo: “Rabí, ¿quién pecó, este hombre o sus padres, para que haya nacido ciego?”.»

Los discípulos parten de la idea de que la ceguera del hombre debe estar directamente relacionada con un pecado particular.

Su pregunta presenta dos posibilidades: o pecó el propio hombre o pecaron sus padres.

Las Escrituras muestran que el pecado ha introducido sufrimiento y muerte en el mundo, pero eso no significa que cada enfermedad o desgracia individual pueda atribuirse directamente a un pecado específico de quien la padece.

Jesús corregirá precisamente esa manera de interpretar la situación.

(v. 3)
«Jesús respondió: “No pecó ni este ni sus padres, sino para que se manifestaran las obras de Dios en Él.»

Jesús rechaza las dos alternativas planteadas por los discípulos.

No está afirmando que el hombre o sus padres fueran personas sin pecado. Está diciendo que su ceguera no debe explicarse como consecuencia directa de un pecado particular cometido por alguno de ellos.

Luego cambia el enfoque de la pregunta. En lugar de identificar un culpable, dirige la atención hacia las obras de Dios que serán manifestadas en el hombre.

La condición que los discípulos contemplan como un problema que necesita una explicación se convierte en el escenario donde la obra de Dios será mostrada mediante Jesús.

(v. 4)
«Yo debo hacer las obras de Aquel que me envió mientras es de día; viene la noche cuando nadie puede trabajar.»

Jesús conecta inmediatamente la situación del hombre con Su propia misión.

Él ha sido enviado por el Padre y debe realizar las obras de Aquel que lo envió mientras permanece abierto el tiempo para llevarlas a cabo.

La imagen del día representa ese tiempo de actividad. La noche señala que ese período llegará a su término.

Dentro del desarrollo del Evangelio, Jesús avanza hacia el momento en que Su obra pública llegará a su culminación y ya no continuará de la misma manera.

(v. 5)
«Mientras esté en el mundo, soy la Luz del mundo”.»

Jesús retoma la declaración de Juan 8:12:

«Yo soy la Luz del mundo».

Ahora esa afirmación será acompañada por una obra concreta: delante de Él está un hombre que nunca ha podido ver, y Jesús está a punto de darle vista.

La sanidad hace visible, de manera particularmente adecuada, aquello que Jesús declara acerca de Sí mismo como Luz del mundo.

Más adelante el capítulo desarrollará también un contraste entre visión física y comprensión espiritual, pero aquí basta con observar que la obra que sigue corresponde de manera directa con la declaración de Jesús acerca de ser la Luz.

(v. 6)
«Después de decir estas cosas, escupió en el suelo e hizo lodo con la saliva, y untó el lodo sobre los ojos del ciego.»

Jesús toma la iniciativa y realiza una acción inusual: hace lodo con Su saliva y lo coloca sobre los ojos del hombre.

Juan no explica por qué utiliza este procedimiento, por lo que no es necesario atribuir al lodo un significado simbólico que el texto no proporciona.

Lo importante es que Jesús actúa directamente sobre la condición del hombre y prepara la sanidad que se completará cuando este obedezca la instrucción siguiente.

(v. 7)
«Y le dijo: “Ve, lávate en el estanque de Siloé” (que se traduce: ‘Enviado’). Así que fue y se lavó, ¡y regresó viendo!»

Jesús ordena al hombre ir y lavarse en el estanque de Siloé.

Juan añade expresamente que Siloé significa «Enviado».

Ese detalle resulta significativo dentro de un Evangelio donde Jesús ha hablado repetidamente de haber sido enviado por el Padre. Sin embargo, Juan no explica de manera directa una relación simbólica entre el nombre del estanque y Jesús, por lo que conviene no convertirla en una alegoría.

El hombre responde a la instrucción: va, se lava y regresa viendo.

El resultado es completo. El que había sido ciego desde su nacimiento ahora puede ver.

Así comienzan a manifestarse concretamente las «obras de Dios» anunciadas en v.3, mientras la sanidad corresponde de manera visible con la afirmación de Jesús: «Yo soy la Luz del mundo».

Implicaciones

  • No todo sufrimiento individual puede atribuirse a un pecado específico: Jesús rechaza esa explicación acerca de la ceguera del hombre.
  • Las obras de Dios se manifiestan mediante Jesús: la sanidad forma parte de la misión que recibió del Padre.
  • Jesús es la Luz del mundo: al dar vista a quien nunca había podido ver, Su obra corresponde de manera visible con lo que ha declarado acerca de Sí mismo.
  • La misión de Jesús tiene un tiempo determinado: Él realiza las obras del Padre mientras permanece abierto el tiempo de Su actividad.
  • Jesús toma la iniciativa ante la necesidad del hombre: el relato comienza con Jesús viéndolo y actuando en su favor.

Aplicaciones

  • No atribuyas apresuradamente el sufrimiento de alguien a un pecado particular: los discípulos hicieron precisamente esa suposición y Jesús la corrigió.
  • Mira el sufrimiento con humildad antes de buscar culpables: no siempre conocemos la razón de una situación concreta.
  • Reconoce a Jesús como la Luz del mundo: Su obra revela quién es.
  • Valora el tiempo que Dios te concede para hacer Su voluntad: Jesús trató con seriedad el tiempo de Su misión.
  • Responde a la palabra de Cristo: el hombre siguió la instrucción recibida y regresó viendo.

Resumen

En Juan 9:1–7, Jesús encuentra a un hombre ciego desde su nacimiento. Cuando los discípulos preguntan quién había pecado para provocar aquella condición, Jesús rechaza esa explicación y dirige la atención hacia las obras de Dios que serían manifestadas en él. Luego afirma que debe realizar las obras de Aquel que lo envió mientras permanece abierto el tiempo de Su misión y vuelve a declarar: «Yo soy la Luz del mundo». Después coloca lodo sobre los ojos del hombre y le ordena lavarse en el estanque de Siloé, cuyo nombre significa «Enviado». El hombre va, se lava y regresa viendo. Así, la sanidad manifiesta las obras de Dios y corresponde de manera visible con la declaración de Jesús acerca de Sí mismo como la Luz del mundo.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias porque enviaste a Jesucristo para manifestar Tus obras y porque en Él has dado al mundo la verdadera Luz.

Guárdanos de juzgar apresuradamente el sufrimiento de otros o de buscar culpables donde Tu palabra no nos permite hacerlo.

Danos humildad delante de situaciones que no comprendemos y ayúdanos a reconocer a Jesús como la Luz del mundo.

Enséñanos a responder a Su palabra y a aprovechar el tiempo que nos das para hacer Tu voluntad.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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