Juan 8:21–30:
Jesús advierte sobre la incredulidad y revela su identidad
Juan 8:21–30 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 8:21–30
Después de declarar que Él es la Luz del mundo y afirmar que procede del Padre (Juan 8:12–20), Jesús continúa mostrando las consecuencias de rechazarlo. Sus oyentes pertenecen a este mundo y no comprenden ni Su origen ni Su destino, mientras Él viene de Arriba y regresará al Padre. Por eso Jesús les advierte que, si no creen en quién Él es, morirán en sus pecados. Al mismo tiempo, anuncia que Su identidad quedará manifestada cuando el Hijo del Hombre sea levantado.
(v. 21)
«Luego Jesús les dijo de nuevo: “Yo me voy, y ustedes me buscarán, y morirán en sus pecados. Adonde yo voy ustedes no pueden venir”.»
Jesús vuelve a anunciar Su partida, como ya había hecho anteriormente (Juan 7:33–34). Él regresará al Padre que lo envió, pero ahora añade una advertencia solemne: «morirán en sus pecados».
El problema de Sus oyentes no consiste simplemente en que no podrán seguir físicamente a Jesús. Si permanecen rechazándolo, morirán todavía bajo la realidad y la culpa del pecado. Por eso «adonde yo voy ustedes no pueden venir» expresa una separación mucho más profunda que una distancia geográfica: mientras permanezcan en incredulidad, no pueden compartir el destino de Jesús junto al Padre.
(v. 22)
«Así que los judíos comenzaron a decir: “¿Acaso se va a suicidar, ya que dice: ‘Adonde yo voy ustedes no pueden venir’?”.»
Los judíos interpretan Sus palabras en términos físicos y llegan a preguntarse si Jesús está hablando de quitarse la vida.
Una vez más, Juan muestra la distancia entre lo que Jesús está revelando y la manera en que Sus oyentes comprenden Sus palabras. No entienden que Él está hablando de Su regreso al Padre.
(v. 23)
«Y les dijo: “Ustedes son de abajo, yo soy de Arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.»
Jesús explica la razón de su incomprensión.
Ellos son «de abajo» y «de este mundo»; Jesús es «de Arriba» y no pertenece a este mundo.
La diferencia no es simplemente geográfica. Jesús habla de origen y pertenencia. Él procede del Padre, mientras Sus oyentes piensan y juzgan desde el orden humano apartado de Dios.
Por eso no comprenden ni de dónde viene Jesús ni adónde va.
(v. 24)
«Por eso les dije que morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”.»
Jesús explica ahora por qué la incredulidad tiene consecuencias tan graves: deben creer quién es Él.
La expresión «Yo Soy» es especialmente importante. Jesús utiliza aquí de manera absoluta la expresión griega egō eimi, sin añadir un complemento explícito. La misma expresión aparecerá nuevamente en los vv.28 y 58.
Este lenguaje también recuerda declaraciones de Dios en Isaías, particularmente Isaías 43:10, donde Dios llama a Su pueblo a conocer y creer que Él es. Por eso, la expresión no debe reducirse a una afirmación trivial acerca de la identidad de Jesús.
(v. 25)
«Entonces le decían: “¿Quién eres tú?”. Y Jesús les dijo: “Justo lo que les he estado diciendo desde el principio.»
La pregunta lleva directamente al centro de toda la conversación: «¿Quién eres tú?»
Jesús no introduce ahora una identidad nueva. Les recuerda que aquello que está diciendo acerca de Sí mismo corresponde a lo que viene declarando desde el comienzo.
El problema no es que Jesús haya ocultado quién es, sino que Sus oyentes no están recibiendo correctamente lo que Él viene revelando acerca de Sí mismo.
(v. 26)
«Tengo muchas cosas que decir y juzgar acerca de ustedes, pero Aquel que me envió es verdadero, y las cosas que yo mismo he oído de Él, estas digo al mundo”.»
Jesús afirma que tiene muchas cosas que decir y juzgar acerca de Sus oyentes. Sin embargo, vuelve a señalar a Aquel que lo envió: el Padre es verdadero, y Jesús comunica al mundo aquello que ha oído de Él.
Una vez más, Jesús muestra que no habla independientemente del Padre, sino como Su enviado fiel.
(v. 27)
«Ellos no entendieron que les estaba hablando acerca del Padre.
Juan explica directamente que Sus oyentes todavía no comprenden que Jesús está hablando del Padre.
Aunque Jesús viene refiriéndose repetidamente a Aquel que lo envió, ellos no reconocen plenamente de quién habla. La incomprensión acerca del Padre acompaña, por tanto, su incomprensión acerca del propio Jesús.
(v. 28)
«28 Así que Jesús les dijo: “Cuando ustedes levanten al Hijo del Hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que así como mi Padre me ha enseñado, estas cosas hablo»
Jesús anuncia que llegará un momento en que ellos levantarán al Hijo del Hombre.
En Juan, esta expresión apunta a Su muerte por crucifixión. Jesús ya había hablado del Hijo del Hombre levantado en Juan 3:14, y más adelante el propio Evangelio explicará que este lenguaje señala la manera en que Jesús moriría (Juan 12:32–33).
Sin embargo, el levantamiento del Hijo del Hombre no será simplemente Su muerte: será también el acontecimiento en el que Su identidad quedará manifiesta. Por eso Jesús declara: «entonces sabrán que Yo Soy».
Ese conocimiento no significa necesariamente que todos llegarán a creer en Él. Significa que lo ocurrido con el Hijo del Hombre hará manifiesta la verdad acerca de quién es Jesús y mostrará que no actúa por Su propia cuenta, sino conforme a aquello que el Padre le ha enseñado.
(v. 29)
«Y Aquel que me envió está conmigo. El Padre no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada”.»
Jesús afirma nuevamente que el Padre que lo envió está con Él. No actúa independientemente del Padre ni en oposición a Su voluntad.
Por eso puede declarar:
«siempre hago lo que le agrada».
Sus palabras expresan la obediencia perfecta del Hijo y la completa correspondencia entre Su obra y la voluntad del Padre.
(v. 30)
«Mientras Él estaba diciendo estas cosas, muchos creyeron en Él.»
Las palabras de Jesús producen una reacción inmediata: muchos creen en Él.
Juan no añade todavía ninguna calificación a ese creer. El diálogo continuará inmediatamente con aquellos que habían creído, y Jesús hablará entonces acerca de permanecer en Su palabra (Juan 8:31).
Por ahora, debemos conservar simplemente lo que Juan afirma: muchos creyeron en Él.
Implicaciones
- Rechazar a Jesús deja al ser humano en sus pecados: Él declara que quienes no crean en quién es morirán en sus pecados.
- Jesús procede de Arriba: Su origen está en el Padre y no pertenece al orden de este mundo.
- «Yo Soy» expresa una afirmación extraordinaria acerca de la identidad de Jesús: el lenguaje recuerda la manera en que Dios se da a conocer en las Escrituras.
- El levantamiento del Hijo del Hombre manifestará quién es Jesús: Su muerte formará parte de la revelación de Su identidad y de la misión recibida del Padre.
- Jesús no actúa independientemente del Padre: habla aquello que ha recibido de Él y siempre hace lo que le agrada.
- Las palabras de Jesús producen una respuesta: mientras hablaba, muchos creyeron en Él.
Aplicaciones
- Cree en Jesús por quien Él verdaderamente es: no lo reduzcas a un maestro o ejemplo religioso.
- Toma en serio Su advertencia acerca del pecado: rechazar al Hijo significa permanecer en los pecados.
- Recibe lo que Jesús revela acerca de Su origen: Él es de Arriba y procede del Padre.
- Contempla Su muerte a la luz de Su identidad: el Hijo del Hombre fue levantado dentro del cumplimiento de la misión recibida del Padre.
- Aprende de la obediencia de Jesús: Él siempre hizo aquello que agradaba al Padre.
Resumen
En Juan 8:21–30, Jesús vuelve a anunciar Su partida y advierte que quienes permanezcan sin creer en Él morirán en sus pecados y no podrán ir adonde Él va. Luego explica la diferencia fundamental entre Él y Sus oyentes: ellos son de abajo y de este mundo, mientras Jesús es de Arriba y no es de este mundo. Por eso declara que deben creer que Él es «Yo Soy». Cuando le preguntan quién es, Jesús continúa señalando al Padre que lo envió y anuncia que, cuando levanten al Hijo del Hombre, sabrán quién es Él y que no actúa por Su propia cuenta. Finalmente, afirma que el Padre está con Él porque siempre hace lo que le agrada. Mientras Jesús dice estas cosas, muchos creen en Él.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque en Tu Hijo has revelado quién es Él y de dónde procede.
Ayúdanos a creer verdaderamente en Jesús y a no permanecer en nuestros pecados rechazando Su testimonio.
Danos entendimiento para reconocer que Él es de Arriba y que toda Su obra corresponde con Tu voluntad.
Ayúdanos a contemplar Su entrega y reconocer en ella el cumplimiento de la misión que recibió de Ti.
Enséñanos también a vivir buscando agradarte, siguiendo la obediencia perfecta de Tu Hijo.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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