Juan 7:10–18:
Jesús enseña en la fiesta y revela el origen de Su enseñanza
Juan 7:10–18 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 7:10–18
Después de decir a Sus hermanos que Su tiempo aún no se había cumplido (Juan 7:1–9), Jesús también sube a la fiesta, pero no de la manera pública y exhibicionista que ellos le habían propuesto. Esta sección muestra la división existente alrededor de Él, su enseñanza en el templo y la razón por la que sus palabras pueden reconocerse como procedentes de Dios.
(v. 10)
«Pero después que Sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió, no abiertamente, sino como en secreto.»
Jesús sí sube a la fiesta, pero no en los términos que sus hermanos le habían propuesto.
Ellos querían que se mostrara públicamente, buscando reconocimiento. Jesús, en cambio, sube “como en secreto”, mostrando que no actúa para agradar expectativas humanas ni para exhibirse.
Esto confirma que Jesús actúa conforme al tiempo del Padre, no según la presión de otros.
(v. 11)
«Entonces los judíos lo buscaban en la fiesta, y decían: “¿Dónde está aquel?”.»
Jesús ya era esperado en Jerusalén.
Como ocurre frecuentemente en el Evangelio de Juan, la expresión “los judíos” se refiere aquí a las autoridades religiosas judías de Jerusalén que se oponían a Jesús. No designa a todo el pueblo judío, pues las multitudes presentes en la fiesta también eran judías y el versículo 13 las distingue de aquellos a quienes temían.
Estas autoridades buscaban a Jesús y preguntaban: “¿Dónde está aquel?”. Su búsqueda no procedía de una disposición favorable, porque anteriormente Juan ya había indicado que procuraban matarlo (Juan 7:1).
La pregunta refleja, por tanto, la expectativa y la tensión que existían alrededor de Jesús antes de que apareciera públicamente en la fiesta.
(v. 12–13)
«12 Y había mucha murmuración acerca de Él entre las multitudes. Algunos decían: “Es bueno”; otros decían: “Al contrario, engaña a la gente”. 13 Sin embargo, ninguno hablaba abiertamente acerca de Él por miedo a los judíos.»
Mientras las autoridades buscaban a Jesús, las multitudes discutían acerca de Él.
Las opiniones estaban divididas: algunos afirmaban que era bueno, mientras que otros lo acusaban de engañar al pueblo. Sin embargo, ninguna de estas opiniones expresaba todavía una comprensión completa de quién era Jesús.
Aunque hablaban entre ellos, no se atrevían a hacerlo públicamente por miedo a las autoridades religiosas mencionadas en el versículo anterior.
Así, el relato distingue claramente entre las multitudes y “los judíos” que ejercían presión sobre ellas. El ambiente de la fiesta estaba marcado no solo por la división acerca de Jesús, sino también por el temor que impedía hablar de Él con libertad.
(v. 14)
«Pero estando ya a mitad de la fiesta, Jesús subió al templo y comenzó a enseñar.»
Cuando la fiesta ya había avanzado, Jesús entra públicamente en el templo y comienza a enseñar.
No permanece oculto por temor ni evita dar testimonio. Simplemente elige el momento conforme a su propia misión, y no según la exigencia de sus hermanos.
El templo era el centro de la enseñanza y de la vida religiosa de Israel. Allí, delante de las autoridades y de las multitudes, Jesús expone abiertamente la palabra que ha recibido del Padre.
(v. 15)
«Y los judíos se maravillaban, diciendo: “¿Cómo sabe este de letras sin haber estudiado?”.»
Las autoridades se sorprenden por el conocimiento de Jesús.
La pregunta no significa que Jesús fuera analfabeto. “Saber de letras” se refiere a su dominio de las Escrituras y a su capacidad para enseñarlas.
Lo que les desconcierta es que no haya recibido la formación rabínica reconocida por ellos. No había sido preparado como discípulo dentro de sus escuelas, pero enseñaba con un conocimiento que los maravillaba.
Su error consiste en medir el origen de su enseñanza únicamente mediante credenciales humanas.
(v. 16)
«Entonces Jesús les respondió y dijo: “Mi enseñanza no es mía, sino de Aquel que me envió.»
Jesús responde explicando de dónde procede su enseñanza.
Cuando dice “no es mía”, no significa que sus palabras sean contrarias a Él o que simplemente repita algo sin comprenderlo. Significa que no habla independientemente ni presenta una doctrina originada en su propia iniciativa humana.
Su enseñanza procede del Padre que lo envió. Jesús habla como el enviado que comunica fielmente las palabras de Dios.
Esto explica por qué su autoridad no depende de haber sido formado por maestros humanos: la fuente de su enseñanza es el propio Padre.
(v. 17)
«Si alguien quiere hacer Su voluntad, conocerá acerca de la enseñanza, si es de Dios o si yo hablo por mi cuenta.»
Jesús explica cómo puede reconocerse el verdadero origen de su enseñanza.
No dice que una persona deba cumplir perfectamente toda la voluntad de Dios para merecer comprender. Habla de quien está sinceramente dispuesto a hacerla.
La cuestión no es únicamente intelectual. Quien verdaderamente desea someterse a Dios estará dispuesto a reconocer la enseñanza que procede de Él. En cambio, quien busca conservar su propia voluntad, posición o gloria puede resistir la verdad aunque tenga delante las evidencias.
Por tanto, la disposición del corazón influye en la manera en que se responde a Jesús. Querer hacer la voluntad de Dios conduce a examinar su enseñanza con sinceridad y a reconocer que no habla por su propia cuenta.
Esto se relaciona con lo declarado anteriormente: quienes buscaban la gloria de los hombres no podían creer mientras permanecieran orientados hacia esa aprobación (Juan 5:44).
(v. 18)
«El que habla por su cuenta busca su propia gloria, pero Aquel que busca la gloria del que lo envió, Este es verdadero, y en Él no hay injusticia.»
Jesús establece un principio.
Quien habla por sí mismo busca su propia gloria.
Pero quien busca la gloria del que lo envió es verdadero.
Aplicado a Jesús, esto significa que Él no enseña para exaltarse ni para buscar reconocimiento personal, sino para glorificar al Padre.
Por eso, en Él “no hay injusticia”: no hay engaño ni motivación torcida.
Implicaciones
- Jesús actúa conforme al tiempo del Padre: no permite que las expectativas humanas determinen cómo debe cumplir su misión.
- Las opiniones acerca de Jesús no sustituyen reconocer su identidad: algunos lo consideraban bueno y otros un engañador, pero ambos grupos necesitaban recibir verdaderamente su enseñanza.
- La autoridad de Jesús no procede de credenciales humanas: su enseñanza tiene su origen en el Padre que lo envió.
- La disposición del corazón influye en el reconocimiento de la verdad: quien quiere hacer la voluntad de Dios estará dispuesto a recibir la enseñanza que procede de Él.
- Buscar la gloria propia distorsiona la enseñanza: el verdadero enviado no habla para exaltarse, sino para honrar a quien lo envió.
- En Jesús no hay falsedad ni intención torcida: sus palabras comunican fielmente la enseñanza del Padre.
Aplicaciones
- No permitas que la presión de otros determine tu respuesta a Jesús: la multitud temía hablar abiertamente por causa de las autoridades.
- No midas la verdad solamente por credenciales humanas: examina si una enseñanza corresponde con lo que Dios ha revelado.
- Acércate a la enseñanza de Cristo con disposición a obedecer: no basta con analizarla desde fuera; es necesario querer hacer la voluntad de Dios.
- Examina qué gloria buscas: el deseo de reconocimiento humano puede impedir recibir y comunicar la verdad correctamente.
- Recibe las palabras de Jesús como enseñanza del Padre: Él no habló por cuenta propia, sino como el enviado verdadero de Dios.
Resumen
En Juan 7:10–18, Jesús sube a la fiesta no de manera abierta, sino conforme al tiempo que corresponde. Mientras tanto, hay división y temor entre la gente respecto a Él. A mitad de la fiesta, Jesús enseña en el templo, sorprendiendo a los judíos por su conocimiento. Él explica que su enseñanza no procede de sí mismo, sino del Padre que lo envió. Además, afirma que quien quiera hacer la voluntad de Dios podrá reconocer que su enseñanza es verdadera. Finalmente, muestra que el verdadero enviado no busca su propia gloria, sino la del que lo envió. El desarrollo muestra que la autoridad y la verdad de Jesús están completamente ligadas al Padre.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque en Tu Hijo has dado una enseñanza verdadera que procede de Ti.
Señor, ayúdanos a no juzgar a Cristo con criterios humanos ni a dejarnos llevar por apariencias, temores o la opinión de los demás. Danos un corazón dispuesto a hacer Tu voluntad, para que podamos reconocer con claridad la verdad de Tu palabra.
Enséñanos también a no buscar nuestra propia gloria, sino a vivir para honrarte a Ti, siguiendo el ejemplo de Tu Hijo, que habló y actuó siempre conforme a Tu voluntad.
Permítenos recibir la enseñanza de Cristo con humildad, obedecerla con sinceridad y permanecer firmes en ella aun cuando el mundo piense distinto.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
La Biblia de las Américas (LBLA)
Copyright © 1986, 1995, 1997
por The Lockman Foundation, La Habra, California.
Usado con permiso. Derechos reservados.
Para solicitar permiso para citar, visite www.lockman.org
La Palabra Preservada® (LPP)
La Palabra Preservada del Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo
Copyright © Eduardo José Flores Sauceda
Segunda edición, 2024
Usada con permiso. Todos los derechos reservados.