Donar

Bible Study

Juan 4:31–38:
La comida de Jesús y los campos listos para la cosecha

31 Y mientras tanto, Sus discípulos le insistían, diciendo: “Rabí, come”. 32 Pero Él les dijo: “Yo tengo para comer una comida que ustedes no saben”. 33 Entonces los discípulos comenzaron a decirse entre sí: “¿Acaso alguien le trajo de comer?”. 34 Jesús les dice: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo Su obra. 35 ¿No dicen ustedes: ‘Hay cuatro meses antes de que venga la cosecha’? Pues les digo: ¡Miren! ¡Levanten sus ojos y vean los campos, ya están blancos para la cosecha! 36 Y el segador recibe la paga y recoge fruto para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que siega se regocijen juntos. 37 Porque en esto resulta verdadero el dicho, ‘Uno es el que siembra y otro el que siega’; 38 yo los envié a segar lo que ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes han entrado en su labor”.
Juan 4:31–38 (LPP)

Interpretación correcta de Juan 4:31–38

Después de que Jesús se reveló a la mujer samaritana como el Cristo, y ella fue a la ciudad para dar testimonio de Él (Juan 4:25–30), los discípulos vuelven a la escena. Ellos habían ido a comprar comida, pero Jesús aprovecha la ocasión para enseñarles algo más profundo. Mientras ellos piensan en alimento físico, Jesús habla de hacer la voluntad del Padre y de la obra espiritual que ya está lista para ser cosechada.

(v. 31)
«Y mientras tanto, Sus discípulos le insistían, diciendo: “Rabí, come”.»

Mientras la samaritana va a la ciudad, los discípulos se preocupan por Jesús.

Le insisten: “Rabí, come”.

Su preocupación es natural. Jesús estaba cansado del camino y ellos habían ido a comprar comida.

Pero, como ocurre varias veces en este Evangelio, una situación cotidiana sirve para revelar una enseñanza más profunda.

(v. 32)
«Pero Él les dijo: “Yo tengo para comer una comida que ustedes no saben”.»

Jesús responde hablando de otra comida.

Los discípulos piensan en alimento físico, pero Jesús les dice que tiene una comida que ellos no conocen.

Con esto, no niega la necesidad del alimento físico, pues el mismo texto mostró que estaba cansado. Pero les enseña que hay algo más profundo que sostiene su misión.

Jesús está enfocado en la obra que el Padre le dio.

(v. 33)
«Entonces los discípulos comenzaron a decirse entre sí: “¿Acaso alguien le trajo de comer?”.»

Los discípulos no entienden.

Interpretan las palabras de Jesús en un sentido material.

Se preguntan si alguien le habrá traído comida.

Esto se parece a lo que ocurrió con Nicodemo y con la mujer samaritana. Jesús habla de una realidad espiritual, pero sus oyentes primero la entienden desde lo terrenal.

(v. 34)
«Jesús les dice: “Mi comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió y llevar a cabo Su obra.»

Jesús explica lo que quiere decir.

Su comida es hacer la voluntad de Aquel que lo envió.

Esto muestra que Jesús vive completamente entregado a la voluntad del Padre.

También dice que su comida es llevar a cabo la obra del Padre.

La satisfacción y el propósito de Jesús están en cumplir la misión para la cual fue enviado.

La conversación con la mujer samaritana no fue una interrupción en el camino. Fue parte de la obra del Padre.

(v. 35)
«¿No dicen ustedes: ‘Hay cuatro meses antes de que venga la cosecha’? Pues les digo: ¡Miren! ¡Levanten sus ojos y vean los campos, ya están blancos para la cosecha!»

Jesús usa una imagen agrícola.

Normalmente se esperaba un tiempo entre la siembra y la cosecha. Pero Jesús les dice que levanten los ojos y vean los campos.

Los campos ya están blancos para la cosecha.

En el contexto inmediato, la samaritana ha ido a la ciudad y los samaritanos están comenzando a venir hacia Jesús.

Los discípulos deben mirar más allá de lo físico y reconocer que hay una obra espiritual preparada delante de ellos.

La cosecha no está lejos. Ya está lista.

(v. 36)
«Y el segador recibe la paga y recoge fruto para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que siega se regocijen juntos.»

Jesús continúa con la imagen de la cosecha.

El segador recibe la paga y recoge fruto para vida eterna.

Esta cosecha no es simplemente terrenal. Está relacionada con la vida eterna.

Luego añade que el que siembra y el que siega se regocijan juntos.

En la obra de Dios hay distintos momentos y distintos trabajadores, pero el gozo es compartido.

El fruto pertenece a Dios, y quienes participan en su obra se gozan juntos.

(v. 37)
«Porque en esto resulta verdadero el dicho, ‘Uno es el que siembra y otro el que siega’;»

Jesús cita un dicho conocido: uno siembra y otro siega.

Con esto muestra que no todos participan en la misma etapa de la obra.

Algunos preparan el terreno, otros recogen el fruto.

Pero ambas labores forman parte de una misma obra.

Los discípulos deben entender que su participación no comienza desde cero. Dios ya ha estado obrando antes de ellos.

(v. 38)
«yo los envié a segar lo que ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes han entrado en su labor”.»

Jesús aplica la enseñanza directamente a sus discípulos.

Ellos serán enviados a segar lo que no han trabajado.

Otros han trabajado antes, y ellos entran en esa labor.

Esto enseña humildad. Los discípulos no deben pensar que la obra depende solo de ellos ni que el fruto comienza con ellos.

Dios prepara, envía, siembra y permite cosechar.

Los discípulos reciben el privilegio de participar en una obra que Dios ya venía desarrollando.

Implicaciones

  • Jesús vive para hacer la voluntad del Padre: su alimento es cumplir la misión de Aquel que lo envió.
  • La obra del Padre es prioridad para Jesús: la conversación con la mujer samaritana forma parte de esa obra.
  • Los discípulos necesitan aprender a mirar espiritualmente: ellos piensan en comida física, pero Jesús les habla de la cosecha espiritual.
  • La cosecha está relacionada con la vida eterna: Jesús no habla de resultados superficiales, sino de fruto eterno.
  • Dios usa tanto a los que siembran como a los que siegan: ambas labores forman parte de su propósito.
  • La obra de Dios no comienza con los discípulos: ellos entran en una labor donde otros ya han trabajado.
  • El gozo de la obra es compartido: el que siembra y el que siega se regocijan juntos.

Aplicaciones

  • Haz de la voluntad de Dios tu prioridad: Jesús encontraba su alimento en cumplir la obra del Padre.
  • No veas las interrupciones como algo inútil: el encuentro con la mujer samaritana era parte de la obra de Dios.
  • Levanta tus ojos y mira la necesidad espiritual: puede haber campos listos para la cosecha delante de ti.
  • Participa con humildad en la obra de Dios: muchas veces cosechamos donde otros han sembrado.
  • No busques reconocimiento individual: el que siembra y el que siega se gozan juntos.
  • Valora el fruto que apunta a vida eterna: la obra espiritual tiene un valor mayor que los resultados visibles inmediatos.
  • Reconoce que Dios ya está obrando antes de tu participación: tú entras en una labor que Él dirige.

Resumen

En Juan 4:31–38, los discípulos insisten en que Jesús coma, pero Él les enseña que tiene una comida que ellos no conocen. Al principio, ellos piensan que alguien le trajo alimento, pero Jesús aclara que su comida es hacer la voluntad de Aquel que lo envió y llevar a cabo su obra. Luego les dice que levanten los ojos y vean los campos listos para la cosecha. En el contexto, los samaritanos comienzan a venir hacia Él por el testimonio de la mujer. Jesús enseña que el segador recoge fruto para vida eterna y que tanto el que siembra como el que siega se regocijan juntos. Finalmente, les recuerda a sus discípulos que ellos entran en una labor donde otros ya han trabajado. El relato muestra la prioridad de Jesús por la voluntad del Padre y la necesidad de mirar la obra espiritual que Dios ya está preparando.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias porque Tu Hijo vivió plenamente entregado a hacer Tu voluntad.

Señor, ayúdanos a aprender de Jesús. Que nuestra vida no esté dominada solamente por lo inmediato, sino por el deseo de cumplir Tu obra.

Abre nuestros ojos para ver los campos que están listos para la cosecha. Danos humildad para participar en Tu obra sin buscar protagonismo, reconociendo que otros han sembrado antes y que todo fruto viene de Ti.

Permítenos gozarnos junto con todos los que trabajan fielmente en Tu obra, sabiendo que el fruto verdadero es para vida eterna.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

La Biblia de las Américas (LBLA)
Copyright © 1986, 1995, 1997
por The Lockman Foundation, La Habra, California.
Usado con permiso. Derechos reservados.
Para solicitar permiso para citar, visite www.lockman.org

La Palabra Preservada® (LPP)
La Palabra Preservada del Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo
Copyright © Eduardo José Flores Sauceda
Segunda edición, 2024
Usada con permiso. Todos los derechos reservados.