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Bible Study

Juan 4:15–24:
Jesús revela la verdad de la samaritana y enseña la adoración verdadera

15 La mujer le dice: “¡Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni venga aquí a sacar!”.
16 Jesús le dice: “Ve, llama a tu marido y regresa aquí”. 17 La mujer respondió y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dice: “Bien has dicho: ‘No tengo marido’, 18 porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido. ¡Esto has dicho con verdad!”. 19 La mujer le dice: “Señor, veo que tú eres un profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, mientras que ustedes dicen que en Jerusalén es el lugar donde debemos adorar”. 21 Jesús le dice: “Mujer, créeme, viene un tiempo cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. 22 Ustedes los samaritanos adoran lo que no conocen; nosotros los judíos adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero viene el tiempo, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; sí, porque el Padre está buscando a personas así que le adoren. 24 Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y verdad”.
Juan 4:15–24 (LPP)

Interpretación correcta de Juan 4:15–24

Después de que Jesús ofreció a la mujer samaritana el agua viva que brota para vida eterna (Juan 4:1–14), la conversación avanza hacia una dimensión más profunda. La samaritana pide esa agua, pero todavía piensa en términos materiales. Jesús entonces expone la realidad de su vida, no para humillarla, sino para llevarla a la verdad. A partir de allí, la conversación pasa al tema de la adoración, y Jesús revela que la verdadera adoración no quedará centrada en un lugar terrenal, sino en adorar al Padre en espíritu y verdad.

(v. 15)
«La mujer le dice: “¡Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni venga aquí a sacar!”.»

La samaritana responde pidiendo el agua de la que Jesús ha hablado.

Pero su petición muestra que todavía no comprende plenamente.

Ella piensa en una solución que le evite volver a tener sed y venir al pozo a sacar agua.

Jesús le habló de una fuente que brota para vida eterna, pero ella sigue interpretando sus palabras desde la necesidad física y cotidiana.

Aun así, su petición mantiene abierta la conversación. Jesús seguirá guiándola hacia una comprensión más profunda.

(v. 16)
«Jesús le dice: “Ve, llama a tu marido y regresa aquí”.»

Jesús cambia el rumbo de la conversación.

En lugar de explicar inmediatamente más sobre el agua viva, le dice que llame a su marido y regrese.

Esta orden lleva la conversación al área personal de la samaritana.

Jesús no trata la necesidad espiritual de manera superficial. La lleva a enfrentar la verdad de su propia vida.

(v. 17)
«La mujer respondió y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dice: “Bien has dicho: ‘No tengo marido’,»

La mujer responde: “No tengo marido”.

Su respuesta es verdadera, pero incompleta.

Jesús reconoce que ha dicho bien. No la acusa de mentir, sino que toma su respuesta y la lleva a la verdad completa.

Esto muestra que Jesús conoce lo que hay en el hombre, como ya se había dicho anteriormente en el Evangelio (Juan 2:25).

(v. 18)
«porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido. ¡Esto has dicho con verdad!”.»

Jesús revela lo que la samaritana no había dicho.

Ella ha tenido cinco maridos, y el hombre con quien está ahora no es su marido.

El texto no nos permite inventar todos los detalles de su historia ni sus motivaciones. Lo que sí muestra es que Jesús conoce su vida con precisión.

Jesús no se acerca a ella desde la ignorancia ni desde el prejuicio. Él conoce la verdad y la pone delante de ella.

La samaritana queda expuesta, pero no abandonada. El mismo Jesús que revela su condición es quien le ha ofrecido agua viva.

(v. 19)
«La mujer le dice: “Señor, veo que tú eres un profeta.»

La samaritana reconoce que Jesús no es un hombre común.

Al ver que Él conoce su vida, dice: “Señor, veo que tú eres un profeta”.

Su comprensión de Jesús avanza.

Al principio lo vio como un judío que le pedía agua. Luego lo llamó “Señor”. Ahora reconoce que hay en Él conocimiento profético.

Todavía no ha llegado a entender plenamente quién es Jesús, pero el diálogo está avanzando.

(v. 20)
«Nuestros padres adoraron en este monte, mientras que ustedes dicen que en Jerusalén es el lugar donde debemos adorar”.»

La samaritana introduce el tema de la adoración.

Menciona la diferencia entre samaritanos y judíos: sus padres adoraron en ese monte, mientras los judíos afirmaban que Jerusalén era el lugar donde se debía adorar.

El tema no es secundario en la conversación. La samaritana acaba de reconocer a Jesús como profeta, y ahora plantea una cuestión religiosa importante para la división entre judíos y samaritanos.

Jesús responderá corrigiendo y elevando el tema hacia la verdadera adoración al Padre.

(v. 21)
«Jesús le dice: “Mujer, créeme, viene un tiempo cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre.»

Jesús responde con autoridad: “Mujer, créeme”.

Luego anuncia un tiempo que viene.

La adoración al Padre no quedará definida por ese monte ni por Jerusalén.

Esto no significa que la historia anterior no tuviera importancia, sino que Jesús anuncia una realidad nueva que supera la disputa sobre el lugar.

La venida de Cristo trae un cambio decisivo en la manera de acercarse a Dios.

(v. 22)
«Ustedes los samaritanos adoran lo que no conocen; nosotros los judíos adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.»

Jesús no responde diciendo que todas las posiciones son iguales.

Corrige claramente a la mujer.

Los samaritanos adoraban lo que no conocían. Los judíos adoraban lo que conocían, porque la salvación viene de los judíos.

Jesús reconoce el lugar de la revelación dada a Israel. La salvación prometida por Dios vendría por medio del pueblo judío.

Esto también apunta hacia Él mismo, porque Jesús, según su venida al mundo, procede de los judíos.

La verdadera adoración no se basa en sinceridad sin verdad. Debe estar unida al conocimiento verdadero de Dios.

(v. 23)
«Pero viene el tiempo, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; sí, porque el Padre está buscando a personas así que le adoren.»

Jesús anuncia que ese tiempo viene, y añade: “y ahora es”.

Con su venida, la adoración verdadera ya está siendo revelada.

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad.

La adoración verdadera no se reduce a un lugar externo, ni a una tradición heredada, ni a una disputa religiosa. Debe corresponder a la realidad espiritual y a la verdad revelada por Dios.

Jesús añade que el Padre está buscando a personas así que le adoren.

Esto muestra que la adoración verdadera no nace de la invención humana, sino que responde a lo que el Padre busca.

(v. 24)
«Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y verdad”.»

Jesús fundamenta su enseñanza en quién es Dios.

Dios es Espíritu.

Por eso, quienes le adoran deben adorar en espíritu y verdad.

No es una recomendación secundaria, sino una necesidad: “deben”.

La adoración verdadera debe corresponder a la naturaleza de Dios y a la verdad que Él ha revelado.

El relato termina mostrando que Jesús no solo ofrece agua viva, sino que también revela cómo el hombre debe acercarse verdaderamente al Padre.

Implicaciones

  • Jesús conoce la vida del ser humano con precisión: Él revela la realidad de la samaritana sin que ella se la explique.
  • La gracia de Cristo no ignora la verdad: Jesús ofrece agua viva, pero también expone la condición de la samaritana.
  • La verdadera adoración no se basa solo en tradición: Jesús supera la disputa entre el monte samaritano y Jerusalén.
  • No toda adoración es igualmente verdadera: Jesús dice que los samaritanos adoraban lo que no conocían.
  • La salvación viene de los judíos: Dios cumplió sus promesas por medio del pueblo al que pertenecía Cristo según la carne.
  • La venida de Jesús inaugura un tiempo nuevo de adoración: “viene el tiempo, y ahora es”.
  • El Padre busca verdaderos adoradores: la adoración verdadera responde a la voluntad de Dios, no a la invención humana.
  • Dios es Espíritu: por eso debe ser adorado en espíritu y verdad.

Aplicaciones

  • Permite que Jesús trate con la verdad de tu vida: Él no revela el pecado para destruir, sino para llevar a la vida.
  • No escondas tu condición delante de Cristo: Él ya conoce la verdad y aun así ofrece agua viva.
  • No sustituyas la verdad espiritual con debates religiosos: la samaritana habló del lugar de adoración, pero Jesús la llevó al corazón de la adoración verdadera.
  • Adora a Dios conforme a la verdad revelada: la sinceridad no basta si está separada de la verdad.
  • No reduzcas la adoración a un lugar o forma externa: Jesús enseña que los verdaderos adoradores adoran al Padre en espíritu y verdad.
  • Busca ser el tipo de adorador que el Padre busca: una persona que adora desde el corazón y conforme a la verdad.
  • Recuerda quién es Dios al adorarlo: Dios es Espíritu, y la adoración debe corresponder a su naturaleza.

Resumen

En Juan 4:15–24, la mujer samaritana pide a Jesús el agua viva, aunque todavía piensa en términos materiales. Jesús entonces lleva la conversación a la verdad de su vida, diciéndole que llame a su marido. Cuando ella responde que no tiene marido, Jesús revela que ha tenido cinco maridos y que el hombre que ahora tiene no es su marido. La mujer reconoce que Jesús es un profeta y plantea la cuestión de la adoración entre samaritanos y judíos. Jesús le enseña que viene un tiempo, y ya ha llegado, en el que la adoración no estará centrada ni en ese monte ni en Jerusalén. Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre busca personas así que le adoren. Como Dios es Espíritu, los que le adoran deben adorar en espíritu y verdad.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias porque Tu Hijo nos guía a la verdad y nos revela la adoración que Tú buscas.

Señor, ayúdanos a no escondernos delante de Cristo. Danos humildad para permitir que Él trate con la verdad de nuestra vida y nos lleve a recibir el agua viva que solo Él puede dar.

Líbranos de una adoración meramente externa, tradicional o vacía. Enséñanos a adorarte en espíritu y verdad, conforme a lo que Tú has revelado y conforme a quién eres.

Haznos verdaderos adoradores, de aquellos que el Padre busca.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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