Juan 11:38–44:
Jesús resucita a Lázaro y manifiesta la gloria de Dios
Juan 11:38–44 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 11:38–44
Después de conmoverse profundamente ante la muerte de Lázaro y el dolor de quienes lo rodeaban (Juan 11:28–37), Jesús llega al sepulcro. Allí ordena remover la piedra y recuerda a Marta que verá la gloria de Dios. Luego, delante de la multitud, da gracias al Padre y explica que lo hace para que crean que Él ha sido enviado por Dios. Finalmente, llama a Lázaro por su nombre, y el hombre que llevaba cuatro días muerto sale del sepulcro. La señal manifiesta de manera extraordinaria la autoridad de Jesús sobre la muerte y confirma aquello que había declarado: Él es la resurrección y la vida.
(v. 38)
«Entonces Jesús, conmovido de nuevo dentro de sí, viene al sepulcro.»
Juan vuelve a señalar que Jesús está profundamente conmovido mientras se dirige al sepulcro.
La reacción que comenzó al contemplar el llanto de María y de quienes la acompañaban no ha desaparecido. Jesús llega al lugar donde Lázaro ha sido sepultado todavía profundamente afectado por la escena de muerte que tiene delante.
(v. 39)
«Jesús dice: “¡Remuevan la piedra!”. Marta, la hermana del muerto, le dice: “¡Señor, ya hiede, porque es el cuarto día!”.»
Jesús ordena:
«¡Remuevan la piedra!»
Marta responde recordando una realidad que Juan ya había establecido: Lázaro lleva cuatro días muerto.
Su observación: «ya hiede» subraya de manera especialmente fuerte la realidad de la muerte. No existe ninguna duda de que Lázaro ha muerto verdaderamente y lleva tiempo sepultado.
Marta no está necesariamente intentando limitar el poder de Jesús; sencillamente reacciona ante lo que significa abrir el sepulcro después de cuatro días.
(v. 40)
«Jesús le dice: “¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?”.»
Jesús dirige nuevamente la atención de Marta hacia lo que había anunciado desde el comienzo:
«verás la gloria de Dios».
Esto conecta directamente con Juan 11:4, donde Jesús había declarado que la enfermedad de Lázaro serviría:
«para la gloria de Dios, a fin de que el Hijo de Dios pueda ser glorificado por medio de ella».
Ahora esa promesa está a punto de cumplirse.
La cuestión no es simplemente que Marta presenciará algo extraordinario. Lo que Jesús hará manifestará la gloria de Dios y revelará la identidad y autoridad del Hijo.
(vv. 41–42)
«41 Luego removieron la piedra de donde yacía el muerto. Y Jesús levantó Sus ojos y dijo: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado. 42 Pero yo sé que siempre me escuchas, solo hablé por causa de la multitud que está parada alrededor, para que crean que Tú me enviaste”.»
La piedra es removida y Jesús dirige Su palabra al Padre.
Comienza dando gracias:
«Padre, te doy gracias por haberme escuchado».
Pero inmediatamente aclara:
«yo sé que siempre me escuchas».
La oración no nace de incertidumbre acerca de si el Padre responderá. Jesús habla públicamente por causa de quienes están allí, para que comprendan lo que la señal revela:
«para que crean que Tú me enviaste».
Por tanto, la resurrección de Lázaro no es solamente una demostración de poder. Es también una señal que da testimonio de que Jesús ha sido enviado por el Padre.
Esto continúa una línea fundamental de Juan. Las obras de Jesús dan testimonio de que el Padre lo envió (Juan 5:36; Juan 10:25, Juan 10:37–38).
(v. 43)
«Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: “¡Lázaro, ven fuera!”.»
Después de hablar con el Padre, Jesús clama:
«¡Lázaro, ven fuera!»
No realiza ningún ritual ni intenta producir gradualmente la vida. Habla, y Su palabra se dirige directamente al muerto.
Esto recuerda de manera extraordinaria lo que Jesús había declarado anteriormente: «viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan vivirán» (Juan 5:25).
Y también: «viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz» (Juan 5:28).
Aquí, de manera concreta y anticipatoria, un hombre muerto escucha la voz del Hijo y sale del sepulcro.
(v. 44)
«¡Y salió el muerto, atado de los pies y las manos con vendas, y su rostro envuelto en un sudario! Jesús les dice: “Desátenlo y déjenlo ir”.»
Juan describe el resultado de manera directa:
«¡Y salió el muerto!»
El hombre que llevaba cuatro días en el sepulcro responde a la voz de Jesús y sale vivo.
Todavía lleva las vendas funerarias y el sudario, lo que mantiene delante del lector la realidad de lo ocurrido: el que había sido preparado para la sepultura ahora está caminando fuera del sepulcro.
Jesús entonces ordena:
«Desátenlo y déjenlo ir».
La señal queda completa. Lázaro, cuya muerte había sido plenamente establecida, ha vuelto a la vida por la palabra de Jesús.
Esto manifiesta concretamente aquello que Jesús había declarado a Marta:
«Yo soy la resurrección y la vida» (Juan 11:25).
Implicaciones
- Jesús manifiesta la gloria de Dios mediante la resurrección de Lázaro: la promesa anunciada en Juan 11:4 y 11:40 se cumple en esta señal.
- Las obras de Jesús dan testimonio de que el Padre lo envió: Él mismo explica que actúa delante de la multitud para que crean esa verdad.
- La voz de Jesús tiene autoridad sobre la muerte: Lázaro oye Su llamado y sale del sepulcro.
- Jesús cumple concretamente lo que había declarado acerca de Sí mismo: quien dijo «Yo soy la resurrección y la vida» llama ahora a un muerto y le devuelve la vida.
- La muerte de Lázaro estaba completamente establecida: llevaba cuatro días sepultado y su hermana esperaba ya la descomposición del cuerpo.
- La relación entre el Padre y el Hijo se manifiesta en la señal: Jesús actúa como el Enviado cuya obra revela al Padre.
Aplicaciones
- Cree en Jesús por lo que Sus obras revelan acerca de Él: la resurrección de Lázaro da testimonio de que ha sido enviado por el Padre.
- Confía en la autoridad de Cristo sobre la muerte: Su palabra alcanza incluso al que está en el sepulcro.
- Recuerda quién es Jesús cuando enfrentes la realidad de la muerte: Él se ha revelado como la resurrección y la vida.
- No reduzcas las obras de Cristo a simples demostraciones de poder: tienen el propósito de revelar Su identidad y conducir a creer en Él.
- Mira la gloria de Dios en la obra del Hijo: aquello que Jesús realiza revela la gloria del Padre y del Hijo.
Resumen
En Juan 11:38–44, Jesús llega al sepulcro de Lázaro profundamente conmovido y ordena remover la piedra. Cuando Marta recuerda que su hermano lleva cuatro días muerto, Jesús le señala nuevamente la promesa de que verá la gloria de Dios. Después da gracias al Padre delante de la multitud y explica que lo hace para que crean que Él ha sido enviado por Dios. Entonces clama: «¡Lázaro, ven fuera!», y el hombre que había muerto sale del sepulcro todavía envuelto en las vendas funerarias. La señal manifiesta la autoridad de la voz de Jesús sobre la muerte, confirma que Él ha sido enviado por el Padre y hace visible aquello que había declarado anteriormente: «Yo soy la resurrección y la vida».
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque en Jesucristo has manifestado Tu gloria y has revelado Su autoridad sobre la muerte.
Gracias porque las obras de Tu Hijo dan testimonio de que Tú lo enviaste y porque Su palabra tiene poder para dar vida.
Ayúdanos a creer en Jesús por quien Él verdaderamente es y a confiar en Aquel que se reveló como la resurrección y la vida.
Danos una esperanza firme frente a la muerte, sabiendo que la voz del Hijo tiene autoridad para llamar a los muertos a la vida.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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