Juan 11:28–37:
Jesús se conmueve ante la muerte de Lázaro
Juan 11:28–37 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 11:28–37
Después de la conversación con Marta (Juan 11:17–27), Jesús se encuentra ahora con María. Ella llega acompañada por quienes la consolaban y expresa la misma convicción que su hermana: si Jesús hubiera estado allí, Lázaro no habría muerto. Al ver el llanto de María y de los demás, Jesús se conmueve profundamente, se turba y finalmente llora. La escena muestra tanto la realidad del dolor causado por la muerte como la profunda reacción de Jesús ante ella.
(vv. 28–31)
«28 Y habiendo dicho estas cosas, fue y llamó a su hermana María, diciéndole en privado: “¡El maestro está aquí y te llama!”. 29 Ella, al oírlo, se levanta rápido y va a Él. 30 (Pero Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado.) 31 Entonces los judíos que estaban con ella en la casa y la consolaban, al ver que María se levantaba rápido y se iba, la siguieron, diciendo: “Va al sepulcro para llorar allí”.»
Marta va a buscar a María y le comunica en privado:
«El maestro está aquí y te llama».
María responde inmediatamente y sale al encuentro de Jesús.
Juan aclara que Jesús todavía permanece fuera de la aldea, en el lugar donde Marta lo había encontrado.
Quienes estaban consolando a María la siguen porque piensan que se dirige al sepulcro a llorar. De esta manera, el encuentro entre Jesús y María ocurre también en presencia de quienes la acompañaban en el duelo.
(v. 32)
«Luego, cuando María llegó a donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies, diciéndole: “¡Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto!”.»
Cuando María llega hasta Jesús, cae a Sus pies.
Sus palabras son prácticamente las mismas que Marta había pronunciado anteriormente:
«Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
Esto muestra que ambas hermanas compartían la convicción de que Jesús tenía poder para impedir la muerte de Lázaro.
Sin embargo, la reacción de María añade un detalle significativo: se postra a los pies de Jesús en medio de su dolor.
(v. 33)
«Así que cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que habían venido con ella llorando, se conmovió en espíritu y se turbó.»
Jesús contempla el llanto de María y de quienes la acompañan.
Juan utiliza aquí un lenguaje especialmente fuerte. Jesús «se conmovió en espíritu» y «se turbó».
Su reacción no debe reducirse simplemente a tristeza sentimental. La expresión traducida como «se conmovió» puede transmitir una conmoción intensa, incluso con matiz de indignación.
Dentro del contexto, Jesús está frente al dolor, el llanto y la realidad de la muerte. Su reacción muestra una profunda perturbación ante aquello que la muerte ha producido.
(v. 34)
«Y dijo: “¿Dónde le han puesto?”. Ellos le dijeron: “Señor, ven y ve”.»
Jesús pregunta:
«¿Dónde le han puesto?»
La pregunta conduce directamente al lugar donde está sepultado Lázaro.
Ellos responden:
«Señor, ven y ve».
La narración se dirige así hacia el sepulcro.
(v. 35)
«Jesús lloró.»
La brevedad del versículo aumenta su fuerza.
Jesús lloró.
El Hijo de Dios, que sabe lo que está a punto de hacer y que en pocos momentos llamará a Lázaro fuera del sepulcro, no permanece indiferente ante el dolor que tiene delante.
Su conocimiento de que la muerte de Lázaro no será definitiva no elimina Su participación real en el sufrimiento de quienes lloran.
Este versículo revela de manera especialmente clara la verdadera humanidad de Jesús y Su profunda respuesta ante el dolor producido por la muerte.
(v. 36)
«Así que los judíos decían: “¡Miren cómo lo quería!”.»
Quienes observan el llanto de Jesús lo interpretan como expresión de Su amor por Lázaro:
«¡Miren cómo lo quería!»
Su conclusión concuerda con lo que Juan ya había afirmado anteriormente: Jesús amaba a Lázaro y a sus hermanas (Juan 11:3, Juan 11:5).
(v. 37)
«Pero algunos de ellos dijeron: “¿No podía este hombre, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que este muriera?”.»
Otros reaccionan de manera diferente.
Recuerdan la señal reciente del hombre ciego de nacimiento:
«¿No podía este hombre, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que este muriera?»
La pregunta parte de algo verdadero: Jesús había demostrado poder para sanar de una manera extraordinaria.
Pero no comprenden todavía por qué no intervino antes para impedir la muerte de Lázaro.
Esto conecta directamente con la pregunta que ha recorrido toda la escena desde el comienzo: si Jesús tenía poder para evitar la muerte, ¿por qué permitió que Lázaro muriera?
La respuesta todavía no ha llegado por completo. Jesús no había venido simplemente para impedir que Lázaro muriera, sino para manifestar algo todavía mayor acerca de Su gloria y Su autoridad sobre la muerte.
Implicaciones
- Jesús no permanece indiferente ante el dolor causado por la muerte: se conmueve profundamente y llora.
- La verdadera humanidad de Jesús se manifiesta en Su respuesta al sufrimiento: conoce lo que hará y, aun así, participa realmente en el dolor de la escena.
- El amor de Jesús por Lázaro queda nuevamente confirmado: quienes observan Su llanto reconocen ese amor.
- Las obras anteriores de Jesús generan expectativas acerca de lo que puede hacer: algunos recuerdan que había abierto los ojos del ciego.
- El propósito de Jesús puede ir más allá de evitar una dificultad inmediata: la muerte de Lázaro prepara una manifestación mayor de Su gloria.
Aplicaciones
- Acércate a Jesús en medio del dolor: María va a Él y se postra a Sus pies.
- No confundas una demora con indiferencia: Jesús ama profundamente a la familia aunque no haya impedido la muerte de Lázaro.
- Reconoce que Cristo conoce y enfrenta realmente el dolor humano: Su llanto muestra que no permanece distante ante el sufrimiento.
- No limites la obra de Jesús a lo que esperabas que hiciera: quienes lo rodeaban pensaban en haber evitado la muerte, mientras Él estaba a punto de manifestar algo mayor.
- Lleva tus preguntas a la luz de lo que Jesús ya ha revelado acerca de Sí mismo: el relato invita a interpretar la situación desde Su identidad y Su propósito.
Resumen
En Juan 11:28–37, Marta llama a María para que vaya al encuentro de Jesús. María acude rápidamente y, al verlo, cae a Sus pies diciendo que, si Él hubiera estado allí, Lázaro no habría muerto. Cuando Jesús contempla su llanto y el de quienes la acompañan, se conmueve profundamente, se turba y finalmente llora. Algunos interpretan Su llanto como expresión del amor que tenía por Lázaro, mientras otros recuerdan la señal del ciego de nacimiento y preguntan por qué no impidió la muerte de Su amigo. La escena muestra la profunda reacción de Jesús ante el dolor y prepara el momento en que manifestará de manera todavía mayor Su autoridad sobre la muerte.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque en Jesucristo vemos que no eres indiferente al dolor humano.
Ayúdanos a acercarnos a Tu Hijo en medio del sufrimiento y a confiar en Él aun cuando no comprendamos por qué no actúa de la manera que esperábamos.
Gracias porque Jesús conoce verdaderamente el dolor y porque Su respuesta ante la muerte revela tanto Su amor como Su verdadera humanidad.
Danos confianza para esperar en Él y reconocer que Su propósito puede ser mayor de lo que alcanzamos a ver en el momento.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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