Juan 11:17–27:
Jesús se revela como la resurrección y la vida
Juan 11:17–27 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 11:17–27
Después de anunciar la muerte de Lázaro y afirmar que lo ocurrido servirá para fortalecer el creer de Sus discípulos (Juan 11:1–16), Jesús llega a Betania cuando Lázaro lleva ya cuatro días en el sepulcro. Marta sale a Su encuentro y expresa tanto su dolor como su confianza en Él. La conversación conduce entonces a una de las declaraciones más importantes del Evangelio: Jesús no solamente anuncia una futura resurrección, sino que declara «Yo soy la resurrección y la vida». Marta responderá confesando que Él es el Cristo, el Hijo de Dios que había de venir al mundo.
(v. 17)
«Así que cuando Jesús llegó, se encontró con que hacía ya cuatro días que estaba en el sepulcro.»
Juan destaca este dato para dejar completamente establecida la realidad de su muerte. No se trata de una enfermedad extrema ni de alguien que acaba de morir: Lázaro lleva varios días sepultado.
Esto hará todavía más extraordinaria la obra que Jesús está a punto de realizar.
(vv. 18–19)
«18 (Ahora, Betania estaba cerca de Jerusalén, como a unos quince estadios, 19 y muchos de los judíos se habían unido a las mujeres que estaban alrededor de Marta y María, para consolarlas por su hermano.)»
Juan explica que Betania estaba muy cerca de Jerusalén y que muchos judíos habían venido a consolar a Marta y María por la muerte de su hermano.
Este detalle sitúa la escena dentro de un duelo acompañado por numerosas personas.
Además, la cercanía de Jerusalén y la presencia de muchos visitantes harán que lo que Jesús realice no permanezca como un acontecimiento privado de la familia.
(v. 20)
«Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a su encuentro, pero María se quedó sentada en casa.»
Cuando Marta oye que Jesús se acerca, sale inmediatamente a Su encuentro, mientras María permanece en casa.
Juan simplemente describe lo que hace cada hermana en ese momento. No necesitamos convertirlo todavía en dos maneras diferentes de responder a Jesús ni sacar conclusiones acerca de sus caracteres.
El relato se concentra ahora en la conversación entre Jesús y Marta.
(v. 21)
«Entonces Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
Las primeras palabras de Marta expresan su convicción de que la presencia de Jesús habría cambiado el desenlace:
«si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
Marta conoce el poder de Jesús para sanar y está convencida de que Él habría podido impedir la muerte de Lázaro.
Sus palabras también expresan naturalmente el dolor de quien sabe lo que Jesús podía haber hecho y lamenta que no estuviera allí.
(v. 22)
«Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá”.»
Marta añade:
«aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Su confianza en Jesús permanece a pesar de la muerte de su hermano.
Sin embargo, no debemos asumir que con estas palabras esté pidiendo ya explícitamente que Jesús resucite inmediatamente a Lázaro. Su respuesta posterior en v.24 muestra que cuando Jesús anuncia «Tu hermano resucitará», ella piensa en la resurrección del día postrero.
Lo seguro es que Marta sigue convencida de la relación extraordinaria de Jesús con Dios y de que Dios responde a Él.
(v. 23)
«Jesús le dice: “Tu hermano resucitará”.»
Jesús responde de manera sencilla y directa:
«Tu hermano resucitará».
La afirmación puede ser entendida en más de un horizonte, y precisamente así la recibe Marta. Ella piensa inmediatamente en la resurrección futura que espera para el día postrero.
Jesús, sin embargo, está a punto de llevarla desde un acontecimiento futuro hacia Su propia persona.
(v. 24)
«Marta le dice: “Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero”.»
Marta afirma su esperanza en la resurrección futura:
«Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero».
Su expectativa no es equivocada. Jesús mismo ya había enseñado que llegará una hora en la que los muertos oirán Su voz y saldrán de los sepulcros (Juan 5:28–29), y también había repetido que resucitará a quienes creen en Él «en el día postrero» (Juan 6:40, Juan 6:44, Juan 6:54).
Por tanto, Jesús no corregirá a Marta porque la resurrección futura sea falsa. La llevará a comprender quién es la fuente y garantía de esa resurrección.
(v. 25)
«Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;»
Jesús lleva la conversación a Su propia identidad:
«Yo soy la resurrección y la vida».
La esperanza de Marta no descansa simplemente en que algún día ocurrirá un acontecimiento llamado resurrección. La resurrección y la vida están inseparablemente vinculadas con Jesús mismo.
Él es quien tiene autoridad para dar vida y levantar a los muertos, como ya había declarado en Juan 5:21, Juan 5:25–29.
Por eso añade:
«El que cree en mí, aunque muera, vivirá».
El creyente puede experimentar la muerte física, pero esa muerte no será definitiva. Jesús le dará vida y lo levantará.
Esto corresponde con la promesa que viene repitiéndose en Juan: quien cree ya posee vida eterna y también tiene la promesa de la resurrección en el día postrero.
(v. 26)
«y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?”.»
Jesús presenta ahora la verdad desde el otro lado:
«todo el que vive y cree en mí no morirá jamás».
No está contradiciendo lo que acaba de decir —«aunque muera, vivirá»—. El creyente puede morir físicamente, pero no morirá de manera definitiva, porque posee la vida que Jesús da.
La muerte física no puede destruir la vida eterna que procede de Él.
Así, los vv.25–26 expresan conjuntamente una misma esperanza: quien cree en Jesús puede morir físicamente, pero vivirá; y quien posee la vida que Él da nunca quedará bajo el poder definitivo de la muerte.
Entonces Jesús dirige la enseñanza personalmente hacia Marta:
«¿Crees esto?»
La cuestión ya no es solamente qué piensa acerca de una doctrina futura, sino si cree en Aquel que se presenta como la resurrección y la vida.
(v. 27)
«Ella le dice: “Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, Aquel que iba a venir al mundo”.»
Marta responde con una confesión extraordinariamente clara:
«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, Aquel que iba a venir al mundo».
Reconoce a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios y Aquel cuya venida había sido esperada.
Su respuesta no consiste en explicar perfectamente cómo Jesús llevará a cabo lo que acaba de declarar. De hecho, los versículos posteriores mostrarán que todavía no anticipa plenamente lo que Él hará con Lázaro.
Pero su confesión acerca de quién es Jesús es firme y correcta.
Además, su confesión guarda una relación muy estrecha con el propósito que Juan declarará al final del Evangelio: que sus lectores crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (Juan 20:31).
Implicaciones
- Jesús no solamente anuncia la resurrección: Él es la resurrección y la vida: la esperanza futura está centrada en Su persona.
- Quien cree en Jesús posee una vida que la muerte física no puede destruir: aunque muera, vivirá.
- La esperanza de la resurrección futura es verdadera: Jesús no corrige la esperanza de Marta acerca del día postrero, sino que revela que esa esperanza depende de Él.
- La vida eterna y la resurrección están inseparablemente unidas en Jesús: quien cree tiene vida y tiene también la promesa de ser levantado.
- La cuestión decisiva es creer en quién es Jesús: Él conduce a Marta desde una afirmación acerca de la resurrección hacia una respuesta personal acerca de Su identidad.
- Marta confiesa correctamente a Jesús como el Cristo y el Hijo de Dios: aun sin comprender todavía todo lo que Él está a punto de hacer.
Aplicaciones
- Pon tu esperanza de resurrección en Cristo mismo: no solamente en la idea de que habrá vida después de la muerte.
- Confía en Jesús incluso frente a la muerte: quien cree en Él posee una vida que la muerte no puede destruir definitivamente.
- No limites a Jesús a lo que ya comprendes acerca de Su obra: Marta conocía la resurrección futura, pero Jesús estaba a punto de mostrarle algo que todavía no esperaba.
- Responde personalmente a la pregunta de Jesús: «¿Crees esto?» exige reconocer quién es Él.
- Afirma tu esperanza sobre la identidad de Cristo: Él es el Cristo, el Hijo de Dios y la fuente de la resurrección y la vida.
Resumen
En Juan 11:17–27, Jesús llega a Betania cuando Lázaro lleva cuatro días en el sepulcro. Marta sale a Su encuentro y expresa su convicción de que, si Jesús hubiera estado allí, su hermano no habría muerto. Cuando Jesús declara que Lázaro resucitará, Marta responde con su esperanza en la resurrección del día postrero. Jesús no niega esa esperanza, sino que la lleva hasta su fundamento: «Yo soy la resurrección y la vida». Quien cree en Él puede morir físicamente, pero vivirá, y la muerte nunca tendrá dominio definitivo sobre quien recibe Su vida. Finalmente, Marta responde confesando que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, Aquel que había de venir al mundo. Así, la esperanza de la resurrección queda centrada no simplemente en un acontecimiento futuro, sino en la persona de Jesús.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque en Jesucristo has revelado la resurrección y la vida.
Gracias porque quien cree en Tu Hijo posee una vida que la muerte no puede destruir y tiene la esperanza segura de la resurrección.
Ayúdanos a confiar en Jesús aun cuando no comprendamos plenamente cómo vas a obrar y a descansar en quién Él es.
Danos una confianza firme para confesar como Marta que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para vivir esperando la resurrección que Él ha prometido.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
La Biblia de las Américas (LBLA)
Copyright © 1986, 1995, 1997
por The Lockman Foundation, La Habra, California.
Usado con permiso. Derechos reservados.
Para solicitar permiso para citar, visite www.lockman.org
La Palabra Preservada® (LPP)
La Palabra Preservada del Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo
Copyright © Eduardo José Flores Sauceda
Segunda edición, 2024
Usada con permiso. Todos los derechos reservados.