Juan 3:9–15
El Hijo del Hombre tiene que ser levantado
9 Nicodemo respondió y le dijo: “¿Cómo puede ser esto?”. 10 Jesús respondió y le dijo: “¿Tú eres el maestro de Israel, y no entiendes estas cosas? 11 Con toda certeza te digo, hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. 12 Si les he dicho cosas terrenales y no creen, ¿cómo van a creer si les dijera las celestiales? 13 Y nadie ha subido al Cielo sino Aquel que bajó del Cielo: el Hijo del Hombre, que está en el Cielo. 14 Además, así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, el Hijo del Hombre tiene que ser levantado, 15 para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Juan 3:9–15 (LPP)
Introducción
Después de enseñar a Nicodemo que es necesario nacer de lo Alto, de agua y de Espíritu, Jesús continúa respondiendo a su dificultad para comprender. Nicodemo, aunque era maestro de Israel, no entiende cómo puede ser esto. Jesús entonces muestra que su enseñanza no procede de opinión humana, sino de un testimonio verdadero. El pasaje avanza desde la necesidad del nuevo nacimiento hacia la persona del Hijo del Hombre, quien bajó del Cielo y tiene que ser levantado para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.
(v. 9)
«Nicodemo respondió y le dijo: “¿Cómo puede ser esto?”.»
Nicodemo sigue sin comprender.
Después de escuchar que es necesario nacer de lo Alto y que la obra del Espíritu es como el viento, pregunta: “¿Cómo puede ser esto?”.
Su pregunta muestra que todavía está luchando con la enseñanza de Jesús.
Nicodemo no rechaza abiertamente a Jesús, pero no logra entender cómo puede ocurrir ese nacimiento del que Jesús habla.
(v. 10)
«Jesús respondió y le dijo: “¿Tú eres el maestro de Israel, y no entiendes estas cosas?»
Jesús responde señalando la responsabilidad de Nicodemo.
Lo llama “el maestro de Israel”.
Esto muestra que Nicodemo no era simplemente un hombre religioso más, sino alguien con responsabilidad de enseñar al pueblo.
Por eso su falta de comprensión es seria.
Jesús no presenta el nuevo nacimiento como una idea extraña ni desconectada de lo que Dios ya había revelado. Las Escrituras ya hablaban de la necesidad de una renovación interior obrada por Dios en Su pueblo. Por eso Nicodemo, como maestro de Israel, debería haber entendido que el hombre no solo necesita instrucción religiosa externa, sino una obra profunda de Dios en su interior.
(v. 11)
«Con toda certeza te digo, hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio.»
Jesús vuelve a introducir una afirmación solemne: “Con toda certeza te digo”.
Ahora habla de testimonio.
Dice: “hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto”.
Su enseñanza no procede de suposiciones humanas. Jesús habla con conocimiento verdadero y da testimonio de una realidad que conoce.
Pero añade: “ustedes no reciben nuestro testimonio”.
El problema no está en la falta de claridad o autoridad del testimonio, sino en la falta de recepción por parte de quienes lo oyen.
Nicodemo vino reconociendo las señales, pero Jesús muestra que recibir verdaderamente su testimonio es algo más profundo.
(v. 12)
«Si les he dicho cosas terrenales y no creen, ¿cómo van a creer si les dijera las celestiales?»
Jesús marca una diferencia entre lo que ya ha dicho y lo que aún podría revelar.
Ha hablado de cosas que tocan la experiencia humana, como el nacimiento, el agua, el Espíritu y el viento.
Pero aun así, Nicodemo no cree ni entiende plenamente.
Entonces Jesús pregunta cómo podrían creer si les hablara de las cosas celestiales.
La enseñanza muestra que la incredulidad limita la comprensión. Si no reciben lo que Jesús ya ha revelado, no podrán avanzar hacia una revelación mayor.
(v. 13)
«Y nadie ha subido al Cielo sino Aquel que bajó del Cielo: el Hijo del Hombre, que está en el Cielo.»
Jesús ahora dirige la atención hacia sí mismo.
Nadie ha subido al Cielo para traer conocimiento celestial por cuenta propia.
Solo hay Uno que puede hablar con autoridad de las cosas celestiales: Aquel que bajó del Cielo.
Ese es el Hijo del Hombre.
Jesús se presenta como el que viene del Cielo y, por tanto, como el único que puede revelar con verdad las cosas de Dios.
Su autoridad no es como la de Nicodemo ni como la de cualquier maestro humano. Él habla desde su origen celestial.
(v. 14)
«Además, así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, el Hijo del Hombre tiene que ser levantado,»
Jesús introduce una comparación tomada de la historia de Israel (Números 21:4–9).
Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, el Hijo del Hombre tiene que ser levantado.
La referencia apunta al momento en que el pueblo, herido y bajo juicio, debía mirar aquello que Dios había mandado levantar para vivir.
Jesús usa esa imagen para hablar de sí mismo.
El Hijo del Hombre también tiene que ser levantado. No lo presenta como una posibilidad, sino como una necesidad dentro del propósito de Dios.
Aquí Jesús empieza a mostrar que la vida eterna vendrá por medio de Él, pero a través de ser levantado.
(v. 15)
«para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.»
Jesús explica el propósito.
El Hijo del Hombre será levantado para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
La respuesta necesaria es creer en Él.
La necesidad del hombre es grave: sin la obra del Hijo del Hombre, se pierde.
Pero el propósito de Dios en levantar al Hijo es dar vida eterna a todo el que cree en Él.
Así, Jesús conecta la enseñanza del nuevo nacimiento con la fe en el Hijo del Hombre. La vida eterna no viene por posición religiosa, conocimiento humano o descendencia, sino por creer en Aquel que Dios ha dado y levantado.
Implicaciones teológicas
- El nuevo nacimiento debería haber sido entendido a la luz de la revelación de Dios: Nicodemo, como maestro de Israel, era responsable de comprender la necesidad de una obra interior de Dios.
- Jesús habla con autoridad verdadera: Él da testimonio de lo que sabe y de lo que ha visto.
- El problema humano no es solo falta de información: Jesús dice que no reciben su testimonio.
- La incredulidad impide recibir una revelación más profunda: si no creen las cosas terrenales, no podrán recibir las celestiales.
- Jesús es el Hijo del Hombre que bajó del Cielo: su autoridad para revelar las cosas de Dios viene de su origen celestial.
- El Hijo del Hombre tenía que ser levantado: su muerte no fue un accidente, sino parte del propósito de Dios.
- La vida eterna se recibe creyendo en Él: todo el que cree en el Hijo no se pierde, sino que tiene vida eterna.
Aplicaciones espirituales
- No te conformes con tener conocimiento religioso: Nicodemo era maestro de Israel, pero necesitaba entender y recibir la enseñanza de Cristo.
- Recibe el testimonio de Jesús con humildad: Él habla lo que sabe y da testimonio de lo que ha visto.
- No resistas la luz que Cristo ya te ha dado: rechazar lo que Él enseña cierra el corazón a una comprensión mayor.
- Mira a Cristo como el único que revela verdaderamente a Dios: Él es el Hijo del Hombre que bajó del Cielo.
- Reconoce tu necesidad de salvación: Jesús habla de no perderse y de recibir vida eterna.
- Cree en el Hijo levantado: la vida eterna está en Él, no en la capacidad humana ni en la posición religiosa.
- Descansa en el propósito de Dios: el Hijo del Hombre fue levantado para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.
Resumen
En Juan 3:9–15, Nicodemo sigue sin comprender la enseñanza de Jesús sobre el nuevo nacimiento y pregunta cómo puede ser esto. Jesús le responde señalando que, siendo maestro de Israel, debería entender estas cosas. Luego afirma que su testimonio es verdadero, porque habla lo que sabe y da testimonio de lo que ha visto, aunque muchos no lo reciben. Jesús muestra que, si no creen las cosas terrenales, tampoco podrán creer las celestiales. Después dirige la atención hacia sí mismo como el Hijo del Hombre que bajó del Cielo, el único que puede revelar con autoridad las cosas de Dios. Finalmente, compara su obra con la serpiente levantada por Moisés en el desierto, anunciando que el Hijo del Hombre también tiene que ser levantado para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Oración final
Padre nuestro, te damos gracias porque Tu Hijo bajó del Cielo y nos ha dado a conocer la verdad.
Señor, líbranos de una religión externa que escucha, pero no entiende ni recibe el testimonio de Cristo. Danos un corazón humilde para creer lo que Jesús enseña y para reconocer nuestra necesidad de vida eterna.
Ayúdanos a mirar al Hijo del Hombre levantado, confiando en que solo en Él hay salvación. No permitas que descansemos en nuestro conocimiento, posición o esfuerzo, sino en la obra que Tú has provisto en Tu Hijo.
Gracias porque todo el que cree en Él no se pierde, sino que tiene vida eterna.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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