Juan 2:13–22:
Jesús purifica el templo y anuncia el santuario de su cuerpo
Juan 2:13–22 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 2:13–22
Después de manifestar Su gloria mediante la primera señal en Caná (Juan 2:1–12), Jesús sube a Jerusalén durante la Pascua y entra en el templo. Allí actúa con autoridad en la casa de Su Padre, expulsando la actividad comercial que ocupaba aquel lugar. Cuando le exigen una señal que justifique Su actuación, Jesús dirige la atención hacia algo mucho mayor que el edificio: el santuario de Su propio cuerpo, que sería destruido y levantado en tres días. Así, después de relacionarse con las tinajas de purificación, Jesús comienza ahora a mostrar que también el templo debe ser comprendido a partir de Su propia persona.
(v. 13)
«Ahora, la Pascua de los judíos estaba cerca, así que Jesús subió a Jerusalén.»
Juan sitúa la escena durante la Pascua, una de las grandes fiestas de Israel, que recordaba la liberación de Egipto.
Como muchos otros, Jesús sube a Jerusalén, donde se encontraba el templo y se concentraba la celebración religiosa del pueblo.
Juan irá situando varios acontecimientos del ministerio de Jesús alrededor de las fiestas de Israel. Aquí, la Pascua sirve de marco para una revelación acerca del templo y, finalmente, acerca de la propia muerte y resurrección de Jesús.
(v. 14)
«Y en el Templo encontró a los que vendían bueyes, y ovejas y palomas, también a los cambistas en su trabajo.»
Jesús encuentra dentro del recinto del templo vendedores de animales y cambistas.
Los bueyes, ovejas y palomas estaban relacionados con los sacrificios, y el cambio de moneda tenía una función dentro de la actividad religiosa de quienes acudían a Jerusalén.
Por tanto, el problema que Juan presenta no es simplemente la existencia de animales o transacciones vinculadas con el culto. La acción y las palabras de Jesús mostrarán que la casa de Su Padre estaba siendo utilizada como lugar de mercado.
(vv. 15–16)
«15 Y habiendo hecho un látigo de cuerdas, expulsó a todos fuera del templo, tanto a las ovejas como a los bueyes; y en cuanto a los cambistas, volcó las mesas y desparramó las monedas; 16 y le dijo a los vendedores de las palomas: “¡Saquen esto de aquí! ¡No hagan de la casa de mi Padre casa de mercado!”.»
Jesús responde mediante una acción pública y deliberada. Expulsa del recinto aquella actividad, hace salir a los animales, vuelca las mesas de los cambistas y ordena retirar las palomas.
Sus palabras explican la razón: «No hagan de la casa de Mi Padre casa de mercado».
La expresión «la casa de Mi Padre» es especialmente importante. Jesús no habla simplemente como alguien preocupado por el orden del templo; habla desde una relación única con Dios y reclama autoridad sobre aquello que pertenece a Su Padre.
Su acción denuncia que el lugar destinado a la relación del pueblo con Dios haya sido ocupado por una actividad comercial que no corresponde allí.
(v. 17)
« Y Sus discípulos recordaron que está escrito: “El celo de Tu casa me consumirá”.»
Los discípulos comienzan a interpretar la acción de Jesús mediante las Escrituras y recuerdan Salmos 69:9.
El salmo describe a un siervo justo cuyo celo por aquello que pertenece a Dios le trae oposición y sufrimiento.
Por eso la cita comunica más que una fuerte preocupación religiosa. El celo de Jesús por la casa de Su Padre forma parte de una fidelidad que encontrará resistencia y llegará a costarle profundamente.
Juan todavía no desarrolla aquí todas las consecuencias, pero la cita empieza a unir el celo de Jesús, la oposición que enfrentará y el camino que conducirá hacia Su muerte.
(v. 18)
«Entonces los judíos respondieron y le dijeron: “¿Qué señal nos muestras, ya que haces estas cosas?”.»
La respuesta no discute directamente la denuncia de Jesús. La cuestión que plantean es qué autoridad tiene para realizar una acción semejante.
Por eso exigen una señal que legitime Su actuación.
La petición resulta especialmente significativa después de Caná, donde Juan acaba de llamar al milagro del vino «la primera de las señales». Ahora ellos demandan una señal, y Jesús les dará como respuesta la señal definitiva hacia la cual apuntará todo el Evangelio: Su muerte y resurrección.
(v. 19)
«Jesús respondió y les dijo: “Destruyan este santuario, y en tres días lo levantaré”.»
Jesús responde a su demanda de una señal con una declaración que ellos no comprenden todavía.
«Destruyan este santuario» no debe entenderse como una invitación a cometer el acto, sino como una declaración que anticipa lo que los hombres harán con Él.
La señal de Su autoridad será que, una vez destruido el santuario del que habla, Él lo levantará en tres días.
(vv. 20–21)
«20 Así que los judíos dijeron: “¡En cuarenta y seis años fue construido este santuario! ¿Y tú en tres días lo levantarás?”. 21 Pero Él hablaba acerca del santuario de Su cuerpo.»
Los oyentes interpretan las palabras de Jesús únicamente en relación con el edificio. Por eso señalan los muchos años empleados en su construcción y consideran absurda la idea de levantarlo en tres días.
Juan, sin embargo, explica al lector lo que ellos no habían comprendido: Jesús hablaba del santuario de Su cuerpo.
Esta afirmación continúa el hilo comenzado en el prólogo. Juan había declarado que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, evocando la presencia de Dios en el tabernáculo. Ahora Jesús presenta Su propio cuerpo como el santuario.
El punto es enorme: la presencia de Dios ya no puede entenderse únicamente en relación con un edificio en Jerusalén. En Jesús mismo se encuentra de manera definitiva la presencia y revelación de Dios entre los hombres.
Y precisamente ese santuario será destruido mediante Su muerte y levantado mediante Su resurrección.
(v. 22)
«Por tanto, cuando fue resucitado de entre los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura, es decir, la palabra que Jesús había dicho.»
Juan explica que los discípulos no comprendieron plenamente la declaración en aquel momento.
Solamente después de que Jesús fue resucitado de entre los muertos recordaron Sus palabras y entendieron aquello hacia lo que habían apuntado.
La resurrección se convierte así en una clave para comprender retrospectivamente las palabras y acciones de Jesús.
Juan añade que creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho, colocando la palabra de Cristo dentro del cumplimiento del propósito revelado por Dios.
Implicaciones
- Jesús posee una relación única con Dios: llama al templo «la casa de Mi Padre» y actúa allí con autoridad.
- Jesús rechaza que la casa de Su Padre sea convertida en mercado: Su celo por aquello que pertenece a Dios cumple el patrón del justo de Salmo 69.
- El celo de Jesús encontrará oposición: la cita del Salmo comienza a anticipar el sufrimiento que acompañará Su fidelidad.
- Jesús anuncia Su muerte y resurrección: el santuario de Su cuerpo será destruido y levantado en tres días.
- Jesús mismo es el verdadero santuario: en Su persona se encuentra la presencia de Dios entre los hombres.
- La resurrección permite comprender más plenamente las palabras de Jesús: los discípulos recordaron y creyeron después de que Él fue levantado de entre los muertos.
Aplicaciones
- Reconoce la autoridad de Jesús sobre todo lo relacionado con la adoración a Dios: Él habla y actúa como el Hijo en la casa de Su Padre.
- No conviertas las cosas de Dios en instrumento de beneficio personal: la actividad religiosa puede perder su propósito cuando el interés humano ocupa el lugar central.
- Busca la presencia de Dios en Jesucristo: Juan dirige la atención del edificio hacia el santuario de Su cuerpo.
- Lee las Escrituras a la luz de Cristo: los discípulos aprendieron a comprender lo escrito viendo cómo se cumplía en Él.
- Permite que la resurrección determine cómo entiendes a Jesús: Su muerte no fue Su derrota; el santuario destruido fue levantado.
- No descartes una palabra de Cristo simplemente porque todavía no la comprendas: los discípulos necesitaron tiempo y acontecimientos posteriores para entender lo que Él había dicho.
Resumen
En Juan 2:13–22, Jesús sube a Jerusalén durante la Pascua y encuentra dentro del templo vendedores de animales y cambistas. Con autoridad los expulsa y declara: «No hagan de la casa de Mi Padre casa de mercado». Sus discípulos relacionan Su acción con Salmo 69: «El celo de Tu casa me consumirá». Cuando los judíos le exigen una señal que justifique Su autoridad, Jesús responde hablando de un santuario que sería destruido y levantado en tres días. Ellos piensan en el edificio, pero Juan explica que Jesús hablaba del santuario de Su cuerpo. Así, Jesús anuncia anticipadamente Su muerte y resurrección y presenta Su propia persona como el verdadero lugar de la presencia de Dios. Después de Su resurrección, los discípulos recordaron estas palabras y comprendieron aquello que Jesús había anunciado.
Oración
Padre nuestro, te damos gracias porque en Jesucristo has venido a habitar entre nosotros y has revelado Tu presencia de manera plena.
Gracias porque Tu Hijo mostró celo por aquello que te pertenece y permaneció fiel aun cuando esa fidelidad lo condujo a enfrentar oposición.
Ayúdanos a honrarte sin convertir las cosas santas en instrumentos para nuestros propios intereses.
Enséñanos a mirar a Jesucristo como el verdadero santuario, Aquel en quien podemos conocerte y acercarnos a Ti.
Gracias porque aunque Su cuerpo fue entregado a la muerte, Tú lo levantaste de entre los muertos, confirmando Sus palabras.
Abre nuestro entendimiento para leer las Escrituras a la luz de Cristo y confiar en Su palabra aun cuando todavía no comprendamos todo.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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