- EspañolEspañol
- InglésEnglish
- PortuguésPortuguês
- FrancésFrançais
- ItalianoItaliano
- AlemánDeutsch
- PolacoPolski
- Chino simplificado中文(简体)
- Chino tradicional中文(繁體)
- RusoРусский
- Árabeالعربية
- Hindiहिन्दी
- Hebreoעברית
Estudio Bíblico
Juan 1:35–42:
Los primeros discípulos de Jesús
35 Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos. 36 Y al ver a Jesús que caminaba por allí, dijo: “¡Miren, el Cordero de Dios!”. 37 Y los dos discípulos lo escucharon hablar, y siguieron a Jesús. 38 Y volviéndose Jesús, y viendo que ellos lo seguían, les dice: “¿Qué buscan?”. Así que ellos le dijeron: “Rabí (que traducido significa: ‘Maestro’), ¿dónde vives?”. 39 Les dice: “Vengan y vean”. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con Él aquel día; era como la hora décima. 40 Uno de los dos que habían oído a Juan y lo habían seguido era Andrés, el hermano de Simón Pedro. 41 Este encuentra primero a su propio hermano Simón, y le dice: “¡Hemos encontrado al Mesías!” (que traducido es: ‘Cristo’). 42 Y lo llevó a Jesús. Mirándolo, Jesús dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas” (que traducido es: ‘Piedra’).
Juan 1:35–42 (LPP)
Interpretación correcta de Juan 1:35–42
Después del testimonio de Juan el Bautista acerca de Jesús (Juan 1:29–34), el relato continúa con un nuevo episodio en el que algunos de sus discípulos están presentes cuando vuelve a señalar a Jesús.
(vv. 35–36)
«35 Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos. 36 Y al ver a Jesús que caminaba por allí, dijo: “¡Miren, el Cordero de Dios!”.»
El relato vuelve a situar a Juan el Bautista con algunos de sus propios discípulos. Al ver a Jesús pasar, repite la declaración que ya había hecho el día anterior: “¡Miren, el Cordero de Dios!” (Juan 1:29).
El Evangelio no introduce aquí una explicación nueva del título, sino que vuelve a presentar el mismo testimonio de Juan acerca de Jesús. La repetición subraya la claridad y constancia de su mensaje.
De este modo, el Bautista vuelve a señalar a Jesús delante de quienes estaban con él, dirigiendo la atención hacia aquel de quien había dado testimonio.
(v. 37)
«Y los dos discípulos lo escucharon hablar, y siguieron a Jesús.»
Los dos discípulos que estaban con Juan escuchan su declaración acerca de Jesús y comienzan a seguirlo. El relato muestra cómo el testimonio del Bautista conduce a otros hacia Cristo.
El texto señala el paso que dan estos discípulos: después de oír a Juan, pasan a seguir a Jesús. Así comienza el movimiento que el Evangelio irá mostrando a lo largo de su relato: personas que, al oír el testimonio acerca de Él, se acercan para seguirlo.
(v. 38)
«Y volviéndose Jesús, y viendo que ellos lo seguían, les dice: “¿Qué buscan?”. Así que ellos le dijeron: “Rabí (que traducido significa: ‘Maestro’), ¿dónde vives?”.»
Jesús se vuelve hacia quienes le siguen y les dirige una pregunta directa: “¿Qué buscan?”. El Evangelio no explica aquí sus motivos, pero presenta esta pregunta como el primer diálogo entre Jesús y quienes comienzan a seguirlo.
Ellos se dirigen a Él con el título “Rabí”, que el propio texto traduce como “Maestro”. Con esto reconocen su autoridad como maestro y se acercan a Él con respeto.
Luego preguntan: “¿dónde vives?”. La pregunta indica que desean saber dónde permanece Jesús. El relato muestra así el comienzo de una relación más cercana entre Jesús y estos discípulos.
(v. 39)
«Les dice: “Vengan y vean”. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con Él aquel día; era como la hora décima.»
Jesús responde a la pregunta de los discípulos con una invitación sencilla: “Vengan y vean”. En lugar de dar una explicación inmediata, los invita a ir con Él y ver por sí mismos dónde permanece.
El relato continúa diciendo que fueron, vieron dónde se hospedaba y se quedaron con Él aquel día. Así comienza el primer tiempo que estos discípulos pasan en compañía de Jesús.
El evangelista añade un detalle concreto: “era como la hora décima”. Esta precisión muestra el carácter vivido del relato y sitúa el encuentro en un momento específico del día (aproximadamente las cuatro de la tarde según el sistema horario judío).
(vv. 40–41)
«40 Uno de los dos que habían oído a Juan y lo habían seguido era Andrés, el hermano de Simón Pedro. 41 Este encuentra primero a su propio hermano Simón, y le dice: “¡Hemos encontrado al Mesías!” (que traducido es: ‘Cristo’).»
El relato identifica a uno de los dos discípulos que siguieron a Jesús: Andrés, hermano de Simón Pedro. Después de haber estado con Jesús, Andrés va a buscar a su hermano.
Cuando lo encuentra, le comunica lo que ha descubierto: “¡Hemos encontrado al Mesías!”. El evangelista añade una explicación para sus lectores, indicando que “Mesías” significa “Cristo”. Con esta aclaración, Juan traduce el término hebreo para lectores que no estaban familiarizados con él.
Así aparece por primera vez en el Evangelio la identificación explícita de Jesús como el Mesías.
(v. 42)
«Y lo llevó a Jesús. Mirándolo, Jesús dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas” (que traducido es: ‘Piedra’).»
Andrés lleva a su hermano Simón a Jesús. El relato destaca la reacción de Jesús: al verlo, pronuncia una declaración sobre él.
Jesús le dice: “Tú eres Simón, el hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas”. El evangelista añade una explicación para sus lectores: “Cefas” es una palabra aramea que significa “piedra”, y su equivalente en griego es el nombre “Pedro”.
En la Biblia, los cambios de nombre a menudo señalan una nueva etapa o propósito en la vida de una persona. Aquí Jesús anuncia un nombre que en adelante identificará a Simón dentro del grupo de sus discípulos.
El relato termina así mostrando cómo el encuentro con Jesús no solo conduce a seguirle, sino que también introduce una nueva identidad dentro de la comunidad de quienes lo siguen.
Implicaciones Teológicas
Jesús es reconocido como el Mesías: Andrés identifica a Jesús como el Mesías, título que el Evangelio traduce como “Cristo”.
El testimonio conduce a seguir a Jesús: el anuncio de Juan el Bautista lleva a sus discípulos a acercarse a Jesús y comenzar a seguirlo.
El encuentro con Jesús genera testimonio: después de haber estado con Él, Andrés va a buscar a su hermano Simón y le anuncia lo que ha encontrado.
Jesús otorga una nueva identidad: al encontrarse con Simón, Jesús le da un nuevo nombre, señalando el inicio de una nueva etapa en su vida.
Aplicaciones Espirituales
Acércate personalmente a Jesús: los primeros discípulos no se limitaron a oír acerca de Él; fueron a verlo y permanecieron con Él.
Busca conocer a Cristo más de cerca: el deseo de saber dónde estaba Jesús llevó a los discípulos a pasar tiempo con Él.
Comparte con otros lo que has encontrado: Andrés buscó a su hermano para decirle que habían hallado al Mesías.
Permite que Jesús dirija tu vida: el encuentro con Cristo marca un nuevo comienzo y una nueva dirección.
Estas aplicaciones deben llevarse a la vida diaria por medio de la oración, el examen sincero del corazón delante de Dios, y una respuesta concreta de obediencia a la Palabra.
Pregúntate: ¿Estoy acercándome realmente a Jesús para conocerle y permanecer con Él, o me quedo solo en lo que he oído acerca de Él?
Resumen
Juan 1:35–42 relata cómo algunos de los primeros discípulos comienzan a seguir a Jesús. Después de oír el testimonio de Juan el Bautista, dos de sus discípulos siguen a Jesús, hablan con Él y permanecen con Él aquel día. Uno de ellos, Andrés, va luego a buscar a su hermano Simón y le anuncia que han hallado al Mesías. Cuando Simón es llevado a Jesús, el Señor le da un nuevo nombre, Cefas (Pedro). El pasaje muestra así cómo el testimonio acerca de Jesús conduce a seguirlo y a llevar a otros a conocerlo.
Oración final
Padre nuestro, gracias porque por medio de Tu gracia nos permites acercarnos a Tu Hijo. Gracias por mostrarnos a Jesús como el Cordero de Dios y por permitirnos escuchar el testimonio que nos dirige hacia Él.
Señor, danos un corazón dispuesto a responder cuando somos guiados hacia Cristo. Ayúdanos a buscarle con sinceridad y a permanecer cerca de Él, como lo hicieron aquellos primeros discípulos que fueron a ver dónde estaba y se quedaron con Él.
Así como Andrés fue a buscar a su hermano para llevarlo a Jesús, danos también el deseo de compartir con otros lo que hemos encontrado en Cristo. Que nuestras palabras y nuestra vida dirijan siempre la atención hacia Él.
Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.