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Juan 1:14–18:
La Palabra se hizo carne y nos dio a conocer al Padre

14 Así que la Palabra se hizo carne y vivió entre nosotros, y contemplamos Su gloria, gloria como de Unigénito, que recibe del Padre, lleno de gracia y verdad. 15 Juan testifica acerca de Él, y clamó, diciendo: “Este era Aquel de quien yo dije: ‘El que viene después de mí en realidad está adelante de mí, porque existía antes que yo”. 16 Y todos nosotros hemos recibido de Su plenitud; sí, gracia sobre gracia. 17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18 Nadie nunca ha visto a Dios. El Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, Él nos lo dio a conocer.
Juan 1:14–18 (LPP)

Interpretación correcta de Juan 1:14–18

Después de presentar a la Palabra como eterna, divina, creadora, fuente de vida y Luz verdadera (Juan 1:1–13), Juan llega al centro de su introducción: la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Aquel que estaba con Dios desde el principio entra verdaderamente en la existencia humana, y en Él los testigos contemplan la gloria del Hijo único del Padre. Juan explica entonces que en Jesucristo llegan la gracia y la verdad y que es Él quien da a conocer al Dios que nadie ha visto.

(v. 14)
«Así que la Palabra se hizo carne y vivió entre nosotros, y contemplamos Su gloria, gloria como de Unigénito, que recibe del Padre, lleno de gracia y verdad.»

Juan declara ahora aquello hacia lo que venía conduciendo todo el prólogo: «la Palabra se hizo carne».

Aquel que ya existía en el principio, estaba con Dios y era Dios entró verdaderamente en la condición humana. Juan no dice que simplemente pareciera hombre, sino que se hizo carne.

Luego afirma que «vivió entre nosotros». La expresión utilizada evoca la idea de levantar una tienda o tabernáculo. En el Antiguo Testamento, Dios había habitado en medio de Israel en el tabernáculo y allí había manifestado Su gloria. Ahora Juan declara que la Palabra hizo Su morada entre los hombres y añade inmediatamente: «contemplamos Su gloria».

La gloria que contemplaron era la gloria propia del Unigénito que viene del Padre. «Unigénito» señala la relación única e incomparable del Hijo con el Padre; no significa que comenzara a existir en algún momento, pues Juan ya ha declarado que la Palabra existía desde el principio.

Finalmente, Juan lo describe como «lleno de gracia y verdad». Estas palabras recuerdan la revelación que Dios hizo de Sí mismo a Moisés como abundante en misericordia y verdad (Éxodo 34:6). Juan presenta así en Jesucristo la manifestación personal y plena de aquello que Dios había revelado acerca de Su propio carácter.

(v. 15)
«Juan testifica acerca de Él, y clamó, diciendo: “Este era Aquel de quien yo dije: ‘El que viene después de mí en realidad está adelante de mí, porque existía antes que yo”.»

Juan el Bautista vuelve a cumplir la función que ya había sido anunciada en los versículos 6–8: dar testimonio acerca de la Luz.

Aunque Jesús apareció públicamente después de Juan y, humanamente, nació después que él, Juan declara que Jesús está delante de él porque «existía antes que yo».

La explicación va más allá de una superioridad de rango. Juan confirma aquello que el prólogo ya ha declarado: la existencia de Jesús no comenzó con Su nacimiento humano. Aquel que vino después de Juan en la historia ya existía antes que él.

(v. 16)
« Y todos nosotros hemos recibido de Su plenitud; sí, gracia sobre gracia.»

Juan pasa ahora de contemplar la plenitud del Hijo a aquello que Sus seguidores reciben de Él.

Cristo está «lleno de gracia y verdad», y de Su plenitud reciben los que han sido alcanzados por Él.

La expresión «gracia sobre gracia» puede transmitir la idea de una gracia abundante que continúa siendo recibida, pero también puede entenderse como una gracia que llega en lugar de otra. Esta segunda posibilidad cobra especial sentido por la explicación inmediata del versículo siguiente, donde Juan contrasta lo dado por medio de Moisés con lo que ha llegado por medio de Jesucristo.

En cualquier caso, el énfasis es claro: aquello que los hombres reciben procede de la plenitud que se encuentra en Cristo.

(v. 17)
«Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.»

Juan explica ahora la afirmación anterior mediante una comparación entre Moisés y Jesucristo.

La Ley fue dada por medio de Moisés. Juan no desprecia la Ley ni niega que fuera un verdadero don de Dios. Pero Moisés fue el mediador mediante quien aquella revelación fue entregada.

En Jesucristo ocurre algo mayor: «la gracia y la verdad vinieron» por medio de Él.

La expresión retoma directamente el versículo 14, donde la Palabra hecha carne es descrita como «llena de gracia y verdad». Aquello que había sido revelado acerca del carácter de Dios alcanza ahora una manifestación incomparable en Jesucristo.

Y aquí, por primera vez en el Evangelio, Juan identifica expresamente a la Palabra hecha carne: Jesucristo.

Aquel que era en el principio, estaba con Dios, era Dios y por medio de quien todo fue creado es Jesús el Mesías.

(v. 18)
«Nadie nunca ha visto a Dios. El Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, Él nos lo dio a conocer.»

Juan lleva el prólogo a su conclusión: «Nadie nunca ha visto a Dios».

El ser humano no puede conocer a Dios simplemente por observación o iniciativa propia. Sin embargo, el Hijo se encuentra en una posición absolutamente única para revelarlo.

Juan lo llama «el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre». La expresión «en el seno» comunica una cercanía e intimidad singular. El Hijo conoce al Padre desde una relación que ningún otro posee.

Por eso es Él quien «lo dio a conocer». La expresión significa revelar, explicar o hacer conocido a Aquel que no puede ser conocido de esa manera por ningún otro.

El prólogo comenzó diciendo que la Palabra estaba con Dios y termina mostrando al Hijo en el seno del Padre. Aquel que eternamente está en esa relación única con Dios ha venido en carne para darlo a conocer.

Por eso conocer verdaderamente al Padre queda inseparablemente unido a conocer al Hijo.

Implicaciones

  • La Palabra se hizo verdaderamente humana: Aquel que era Dios entró realmente en la condición humana.
  • En Jesús se manifiesta la gloria de Dios: la Palabra hizo Su morada entre los hombres y Sus testigos contemplaron Su gloria.
  • Jesús es el Hijo único del Padre: posee con Él una relación incomparable.
  • Jesucristo está lleno de gracia y verdad: en Él se manifiesta plenamente aquello que Dios había revelado acerca de Su carácter.
  • Jesucristo supera a Moisés como revelador: la Ley fue dada mediante Moisés, pero la gracia y la verdad llegaron por medio de Cristo.
  • Solo el Hijo puede dar a conocer al Padre de esta manera: Él está en el seno del Padre y lo revela.

Aplicaciones

  • Mira a Jesucristo como la Palabra hecha carne: no lo reduzcas a un maestro o personaje religioso.
  • Busca conocer a Dios por medio del Hijo: es Jesucristo quien da a conocer al Padre.
  • Recibe de la plenitud de Cristo: aquello que necesitamos de Dios no se encuentra separado de Él.
  • Contempla en Jesús la gracia y la verdad de Dios: aprende quién es Dios mirando cómo el Hijo lo revela.
  • Valora la revelación anterior sin detenerte en ella: Moisés recibió una función verdadera, pero Juan dirige nuestra mirada hacia la plenitud que ha llegado en Jesucristo.

Resumen

En Juan 1:14–18, la Palabra eterna se hace carne y habita entre los hombres. Su presencia recuerda el tabernáculo donde Dios había manifestado Su gloria, pero ahora los testigos contemplan esa gloria en el Hijo Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad. Juan el Bautista confirma Su preexistencia, y Juan declara que de Su plenitud hemos recibido. La Ley había sido dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad llegaron por medio de Jesucristo. Finalmente, el prólogo culmina mostrando que el Hijo, que está en el seno del Padre, es quien da a conocer al Dios que nadie ha visto. Así, Aquel que estaba con Dios en el principio ha venido en carne para revelar al Padre.

Oración

Padre nuestro, te damos gracias porque la Palabra eterna se hizo carne y habitó entre nosotros.

Gracias porque en Jesucristo has manifestado Tu gloria y nos has mostrado Tu gracia y Tu verdad.

Ayúdanos a contemplar a Tu Hijo tal como este Evangelio lo presenta y a no reducir Su grandeza.

Gracias porque de Su plenitud recibimos y porque Él, que está en una relación única contigo, ha venido para darte a conocer.

Enséñanos a conocerte por medio de Jesucristo y a recibir con humildad todo aquello que has revelado en Él.

Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Autor del estudio: Enrique Contreras
Texto bíblico utilizado

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